Domingo I de Cuaresma

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Cuaresma
Data : 
Domingo, 10 Marzo 2019
Debemos cruzar nuestros desiertos

Señor, gracias por conducirnos al desierto,
para arrancarnos de nuestras seguridades
y, sin nada en que apoyarnos,
experimentar cómo te necesitamos.

Gracias por permitir que seamos tentados;
así descubrimos lo que hay en nuestro corazón,
lo que sale de nuestro interior.
¡Ya no podemos vivir engañados
por las apariencias,
sabemos quiénes somos
y lo que sería de nosotros si tú no estuvieras!

Gracias por ayudarnos a crecer,
a hacernos fuertes,
a afrontar nuestros miedos,
para que salgamos purificados
como el oro cuando ha pasado por el crisol.

Como los israelitas, debemos prepararnos
antes de llegar a la Tierra Prometida,
debemos cruzar nuestros desiertos
para poder acoger lo que nos ofreces.
Gracias por no dejarnos solos,
por haber hecho tú este camino antes,
por dejarnos tus huellas
para que podamos seguirlas,
por dejarte conducir por el Espíritu al desierto.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
En todo has querido compartir nuestra vida humana

Te doy gracias, Señor Jesús,
porque en todo has querido
compartir nuestra vida humana,
con excepción del mal y el pecado.
Persona humana como nosotros,
tú nos has enseñado el camino
para vivir como hijas e hijos
de tu Padre y nuestro Padre.

Ayúdanos a acoger en el corazón
tu palabra, tu estilo de vida.
Muchas veces quisiéramos vivir
con la comodidad y el egoísmo
de tener un «dios» a nuestro servicio
o de ser nosotros mismos
pequeños «dioses» hinchados de orgullo y vanidad.

Sé tú, Señor Jesús,
nuestro modelo y punto de referencia
para saber discernir cada día
cuál es el camino
que nos hace más humanos
y más hijos del Padre celestial.
Y que tu Espíritu Santo sea la fuerza
que no nos deja desanimar
ni perder la esperanza.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Que no hagamos del dinero y el éxito el único dios

Señor, hoy nos recuerdas
que sean cuales fueren
las dificultades que nos tocan vivir,
todos tenemos la fuerza de tu Espíritu
que nos da la respuesta adecuada.

Ayuda, Señor, a las personas
que sienten que todo se les viene abajo,
a las que tienen problemas económicos
y a las que se han visto engañadas
por amigos o personas de confianza.

Señor, que nuestros jóvenes
no se dejen engañar por falsas esperanzas
ni busquen ganar dinero al precio que sea.
Que no hagan del dinero y el éxito el único dios.

Señor, a lo largo de esta Cuaresma
queremos dedicar algún tiempo
a recordar las personas que nos han ayudado
a llegar hasta el día de hoy.
Que les llegue nuestro amor y nuestra gratitud.
Ponemos en tus manos
a las que han jugado un papel negativo
en nuestra vida,
ayúdales y danos generosidad
para pensar en ellas con cariño.

En estos días de Cuaresma, Señor,
queremos ayunar de enfados
y de palabras desagradables
y hacer de nuestros hogares
y lugares de trabajo
espacios donde se respire respeto y amabilidad. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Un desierto … lleno de vida

Una vez más Señor,
me invitas al desierto.
Tú que conoces mi corazón
sabes el miedo que me da el silencio,
sabes también el miedo que me da
encontrarme sin nada que me distraiga
y tenerme que encontrar … conmigo mismo. 

Me da miedo el desierto, Señor,
Pero te pido, a pesar de todo,
que me conduzca a él tu Espíritu. 

Y una vez en el desierto,
vacía mi corazón de cosas y ruidos,
y crea en él un espacio fecundo
de silencio y de libertad:
llénalo con tu Palabra
y sácalo con tu Pan.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Sólo asido a ti, puedo seguir caminando hacia la vida

Gracias, Jesús, porque con tu lucha
contra las tentaciones del diablo
nos has dado ejemplo y fuerza
contra las tentaciones, tan reales, de cada día.

Tú no quisiste venderte el alma
por la satisfacción de tu apetito,
y nosotros nos creamos tantas necesidades
artificiosas, siempre insatisfechos,
mientras hay hermanos nuestros
que no tienen cubiertas las necesidades
de supervivencia y de una vida digna,
y mientras el planeta va agotando
sus recursos y su capacidad
de regeneración.

Tú no te dejaste seducir por el poder
y la soberbia, que mueven a ver a los demás
como unos rivales a someter
o unos súbditos a explotar,
y nos anulan la capacidad de ser hermanos.

Tú no quisiste hacer de Dios
una especie de guardaespaldas
protector contra toda desgracia.

Ayúdame a levantarme cada vez que caigo,
porque sólo asido a ti,
puedo seguir caminando hacia la vida.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret