Jesús, Señor,
tú dijiste a tus apóstoles:
«Os conviene que yo me vaya,
para que os envíe el Defensor».
Nos has enviado tu Espíritu
que –como viento impetuoso–
empuja nuestra barca mar adentro.
Danos el coraje que necesitamos
para que osemos presentar las velas
al vital impulso de tu Espíritu.
Para que sepamos recordar y entender
todo lo que Jesús nos enseñó:
¡abre nuestro corazón a tu Espíritu!
Para que seamos capaces de «palpar»
tu presencia viva en medio de nosotros:
¡abre nuestro corazón a tu Espíritu!
Para que no nos atenace el miedo
ante un mundo que te desconoce:
¡abre nuestro corazón a tu Espíritu!
Danos el coraje que necesitamos
para que sin miedos ni recelos
abramos nuestro corazón a tu Espíritu. |