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orar con el evangelio
domingo ii de pascua (b)
Que sepamos caminar al ritmo
de las personas que tenemos a nuestro lado

Señor, diste a tu Iglesia
el poder de perdonar los pecados.
Perdonar es una actitud de unión.
La justicia divide.
El perdón nos hace uno con todos.
Si perdemos la conciencia de unidad,
el perdón es pura farsa.


Señor, no tomaste represalias
ante la incredulidad de Tomás.
Comprendiste su miedo.
Supiste ver que vivir cambios
tan radicales como aceptar tu resurrección
supone tiempo.

Que sepamos caminar al ritmo
de las personas que tenemos a nuestro lado.


Señor, haz que seamos
intransigentes con el mal
pero comprensivos con quien lo comete.
Todos somos capaces de hacer el mal
y todos nos equivocamos.


Que la justicia
no se transforme en venganza.
Que al estilo de Dios
sepamos unir la justicia y el perdón.


Señor, tus llagas son la marca
de autenticidad de tu amor.
Que las obras
de los que nos llamamos cristianos
sean pruebas de amor.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Aumenta nuestra fe, Señor

Señor, hoy nos quieres recordar

que tu presencia física

no fue suficiente para convencer a los incrédulos.

Tomàs te conocía.

Había vivido contigo,

pero le costaba reconocerte

cuando te apareciste Resucitado.

 

A nosotros nos pasa algo parecido

cuando nos interrogamos

y buscamos mil razones para convencernos

de tu presencia en los sacramentos.

Olvidamos que tu presencia

es cuestión de amor.

 

Aumenta nuestra fe, Señor.

 

Señor, que creamos cuando todo va bien,

cuando la situación económica es más o menos estable,

que sepamos ver tu presencia

cuando nuestros hijos crecen en sabiduría y gracia,

que te sintamos cerca

cuando prosperamos en nuestro trabajo

y tenemos una familia estable y acogedora.

 

Que no necesitemos, Señor,

tocar las llagas del sufrimiento

o de la contradición

para creer en Ti.

 

Que nuestra presencia trasmita paz y comprensión

tal como Tú nos enseñas.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
A pesar de las puertas cerradas

Jesús,

tu vida de Resucitado es un misterio

que nunca acabaremos de comprender.

 

Pero hoy te sabemos y sentimos presente

gracias a tus apariciones de Resucitado:

 

Vienes a nosotros con el don de la paz

y pasas a través de las puertas cerradas

de nuestros miedos y nuestras dudas.

 

Respondes a la incredulidad de Tomás

con la generosidad de tu presencia,

para que te podamos ver y palpar

personalmente.

 

A los discípulos, que hemos recibido tu paz,

nos pides que seamos portadores

de tu amor y tu perdón,

para sembrar la paz en todo el mundo.

 

Quieres que, con nuestras actitudes,

seamos testigos

de tu presencia salvadora.

 

Crees tanto en los hombres

que nos has confiado

la realización del Proyecto del Padre.

 

¡Haznos testigos fieles de tu presencia!

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
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