Gracias, Padre,
por el mensaje
que, en el bautismo de Jesús,
nos has hecho llegar a tus hijos e hijas.
Mientras Jesús oraba,
le envías tu Espíritu
y le dices –a Ël y también a nosotros-
que es tu Hijo, el amado, el predilecto.
El don de tu Espíritu
y la conciencia de saberse Hijo de Dios
impulsaron a Jesús a predicar el Reino.
Abre nuestro corazón a tu Espíritu,
para que sepamos reconocer y agradecer
tu palabra amorosa de Padre
cuando en nuestro bautismo
nos declaraste hijos e hijas tuyos.
Así confiados en el amor que nos tienes
nos sentiremos urgidos
a vivir como tú esperas
y a ser testigos de tu reino. |