Señor,
los profetas nos habían dicho
que Dios era dueño del universo,
que nada necesita ni nada quiere
como no sea el corazón y el amor
de sus hijos que tanto ama.
En el Evangelio nos aconsejas
que sepamos «ganarnos amigos
con las riquezas injustas».
Danos un corazón grande y generoso
para que sea Dios nuestro gran tesoro
y el bien supremo de nuestra vida.
Decir entonces «Dios o las riquezas»
será como decir: «solidaridad o egoísmo»
o «en favor de todos o para mí solo».
Danos un corazón grande y generoso
capaz de hacer de nuestras vidas
lo mismo que Jesús hizo de la suya:
«un pan partido para la vida del mundo». |