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orar con el evangelio
domingo xxv del tiempo ordinario (C)
El pecado siempre nos aleja de los hermanos

Señor, ten presentes a todos,
hombres y mujeres,
a los gobernantes y todos los que ocupan cargos,
para que podamos llevar una vida
tranquila y apacible, con toda piedad y decoro.

Señor, todos hemos encontrado
a lo largo de nuestra vida
personas que nos han ayudado
y valorado lo mejor de nosotros mismos.
Ahora nos toca hacerlo a nosotros.
Nos cuesta y sale el administrador
que yace en cada uno de nosotros.
Límpia nuestro corazón y nuestra mente.

El dinero o las riquezas
son dones que nos has encomendado.
Señor, que los usemos para hacer el bien
y eduquemos a nuestros niños
en el uso correcto del dinero.

El administrador infiel
acepta su culpa y busca la manera
de ponerse en relación con los demás.
El pecado siempre nos aleja de los hermanos.
Este hombre ha actuado egoístamente
y ahora descubre que necesita de los otros.
Señor, que los cristianos
sepamos acoger a las personas
que se han equivocado y quieren cambiar.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
«O Dios o las riquezas»

Señor,

los profetas nos habían dicho

que Dios era dueño del universo,

que nada necesita ni nada quiere

como no sea el corazón y el amor

de sus hijos que tanto ama.

 

En el Evangelio nos aconsejas

que sepamos «ganarnos amigos

con las riquezas injustas».

Danos un corazón grande y generoso

para que sea Dios nuestro gran tesoro

y el bien supremo de nuestra vida.

 

Decir entonces «Dios o las riquezas»

será como decir: «solidaridad o egoísmo»

o «en favor de todos o para mí solo».

 

Danos un corazón grande y generoso

capaz de hacer de nuestras vidas

lo mismo que Jesús hizo de la suya:

«un pan partido para la vida del mundo».

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
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