Jesús, Señor, tú nos dices
que el amor y el perdón son
las dos caras de una misma cosa;
y que el amor y el perdón de Dios
son más fuertes que nuestro pecado.
Abre nuestro corazón a tu amor
porque sepamos entender y vivir
el mensaje vivo que nos envías
perdonando el pecado de aquella mujer;
Dios no rechaza nunca al pecador,
sino que espera que vuelva a su amor.
Tú mismo has declarado que
«los limpios de corazón verán a Dios».
Damos, pues, un corazón limpio,
danos una mirada como la tuya,
para que –más allá de las apariencias
y con corazón de perdonados-
sepamos mirar el corazón de la persona
y ver en ellas al Dios del perdón. |