Señor,
en ti todo es amor y vida
y deseas que tus hijos tengamos
vida en abundancia y para siempre.
Cuando devolvías la vida corporal a alguien,
nos anunciabas la fuerza
de la resurrección.
Más allá de la muerte de nuestro cuerpo caduco,
brilla la vida en
plenitud para la persona que,
una vez liberada del cuerpo,
es
capaz de adentrarse en la vida de Dios.
Contigo, estoy llamado a luchar
contra todas las fuerzas de la muerte
que amenazan la integridad de la persona,
tanto en su cuerpo como en su
espíritu.
La vida es la realidad más sagrada
que poseemos, ya aquí en la tierra
y
también en el cielo.
Que tu Espíritu de amor
me ayude a proteger la vida y a hacerla
crecer;
que me preocupe de los que han sido
víctimas de la enfermedad física
o de
la muerte espiritual. |