Porque me lo pides, Señor,
porque me lo pides, te digo
que puedes contar conmigo.
En medio del mar agitado de la vida
tú me envías a los hermanos,
para que sea testigo del evangelio,
para que sea entre ellos y para ellos
ese «Pan partido» con que tú quisiste
que te hiciéramos presente.
Hazme testigo de tu vida entregada:
mi corazón, llénalo de tu amor,
mis ojos, llénalos de tu ternura;
mis oídos, de tu atención,
mis pies, de tu diligencia,
mis manos de tu entrega.
Gracias anticipadas, Señor,
por la vida que pueda hacer crecer.
Y gracias, sobre todo, por la vida
que has hecho nacer en mi corazón. |