Jesús,
hoy me das una lección muy importante
para mi vida y para mi compromiso cristiano.
Tenemos la costumbre
de clasificar a las personas en buenas y malas
a partir de lo que venos;
pero el exterior nunca nos permitirá conocer bien
el mundo de los sentimientos y de las intenciones
que es lo que, de hecho,
nos hace buenos o culpables y malos.
Tú me enseñas a distinguir
entre el bien y el mal;
me invitas a juzgar y valorar lo que se ve
pero respetando siempre
el misterio de cada persona.
Valoras todo lo que es bueno,
venga de donde venga
y rechazas y condenas cualquier forma de mal,
porque puede ser destructor y nocivo
para los demás.
Por eso te muestras tan exigente y duro
frente al escándalo
de los más vulnerables y frágiles.
Dame tu Espíritu para que me muestre siempre
responsable y respetuoso con todas las personas.
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