Jesús,
debía de ser muy duro para ti
constatar que la gente no comprendía
el gesto más sublime de tu amor a los hombres
y que casi todos te iban abandonando.
Tu lenguaje era, y es, difícil.
Supongo que comprendes que algunos te dejen
y no comprendan
la importancia de la Eucaristía.
Es que, con nuestra pobre inteligencia,
no podemos comprender el misterio de Dios.
Siguiéndote y mirándote, lo intuyo un poco
y, sin entenderte, digo como Pedro:
«¿a quien iremos? Tus palabras son palabras
de vida eterna … tú eres el Santo de Dios».
Aumenta mi fe y dame el Espíritu
para que ilumine mi inteligencia
y mi corazón. |