Señor,
las multitudes continúan hambrientas,
tienen hambre del pan material,
hambre de cultura,
hambre de una vida digna y sin conflictos,
hambre de tu Palabra de vida eterna,
hambre del Espíritu de Amor
que ayude a cada persona
a sentirse hijo/a de Dios
y hermano/a de todos.
Los «panes» que necesita la humanidad
están en manos de unas pocas personas
y de algunas sociedades privilegiadas.
Tú continúas pidiéndonos a cada uno
los cinco panes y los dos peces
y nos traes, con insistencia, los gritos
de personas y multitudes hambrientas.
Pero muchos cerramos los ojos y los oídos
para no tener que compartir lo que tenemos.
Hazme sensible a tu llamada
para que comprenda a tiempo
«tenía hambre y me dísteis de comer.» |