Jesús,
tú nunca despreciaste
la Ley y las tradiciones,
pero tampoco
fuiste
nunca esclavo.
Querías que la Ley y las tradiciones
estuvieran siempre al servicio de
la persona.
Por eso, cuando se trataba de ayudar a alguien,
lo hacías aunque
fuera en un día prohibido
y aunque algunos se escandalizaran.
Leyendo el Evangelio, a veces, parece
que ibas a provocar a los fariseos.
Los querías hacer reaccionar,
para que todo el mundo comprendiera que la
Ley
tiene que estar siempre al servicio de las personas.
Hazme juicioso y responsable como tú,
para que, sin
despreciar
las normas y las tradicciones,
busque por encima de
todo el bien de los hermanos.
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