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orar con el evangelio
domingo V del tiempo ordinario (B)
Que seamos mensajeros de libertad

Señor, al igual que Job constatamos
la presencia del mal en nuestro mundo.
Mientras algunas personas
se sienten abandonadas a su suerte,
otras derrochan el dinero
que no les pertenece,
se enriquecen traficando con personas
o lucrándose con su desgracia.
Acude en su ayuda, Señor.

 

Señor, que los cristianos
seamos mensajeros de libertad.
Que demos sin esperar nada a cambio.
Que demos con alegría.

 

Señor, que sepamos encontrar espacios
de silencio y de paz para estar contigo.
Que te descubramos
en las personas que están con nosotros.
Que nuestras jornadas
estén salpicadas de encuentros contigo.

 

Señor, que sepamos actuar en tu Nombre
allí donde tú nos has colocado.
Sea cual fuere nuestra situación personal,
estamos en el mejor sitio
para dar testimonio de tu Palabra.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
El domingo es el Día del Señor

El evangelio de hoy nos presenta
una parte de la agenda
de Jesús en sábado.
El domingo pasado vimos que inició
la jornada
yendo a la sinagoga donde participó de manera activa.

 

Al salir se dirige a casa de Pedro.
Como cualquiera de nosotros aprovecha el domingo

para comer con familiares o amigos
o para visitar a alguien que está enfermo.

 

El domingo es el Día del Señor.

Día dedicado al Señor que se presenta enfermo,
necesitado de cariño
o del Señor que
goza con los encuentros familiares.

 

El domingo es el día de estar un rato a solas los esposos y
el día de tener un ratito de conversación
con los hijos adolescentes, sin recriminarles nada.

No es el día de negociar horarios,
es el día de vencer los demonios de la incomunicación
.

Que el Señor nos dé fuerzas e imaginación
para llevar su mensaje a cuantos se relacionen

con nosotros a lo largo de la semana.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Una vida sencilla y plena

Jesús,

me gusta verte integrado en la vida del pueblo,

como un buen ciudadano y un buen creyente.

 

En la sinagoga, comunicas con todos aquellos

que se reunían para aprender y rezar.

 

Aprovechas el día del reposo

para conversar con los amigos.

 

Aceptas la invitación de Pedro

y con los otros discípulos vas a su casa

y compartes el almuerzo de familia.

 

Como siempre,

estás atento a las realidades de la vida

y con naturalidad ayudas a los que te necesitan.

 

Tu presencia y tus palabras

tienen la eficacia de liberar a las personas

del mal  y de la enfermedad; dan paz.

 

Como nosotros, usas del tiempo para descansar

y cultivar la amistad con los amigos.

 

Y, como no podía ser de otra manera,

expresas tu amor al Padre del cielo

en largos ratos de conversación con él,

en un ambiente de paz, silencio y oración.

 

Ayúdame a ser un buen ciudadano

y un buen creyente.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
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