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| lecturas de la misa |
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| domingo v del tiempo ordinario (c) |
| Primera lectura |
Is 6, 12a.3-8 |
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| Aquí estoy, mándame |
| Lectura dellibro del profeta Isaías: |
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto
y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto
a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: «¡Santo, santo, santo el Señor de los
ejércitos, la tierra está llena de su gloria!» Y temblaban los umbrales de las
puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey
y Señor de los ejércitos.» Y voló hacia mí uno
de los serafines, con una ascua en la mano, que
había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó
a mi boca y me dijo: «Mira; esto ha tocado
tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado
tu pecado.» Entonces, escuché la voz del
Señor, que decía: «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: «Aquí estoy, mándame.»
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Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante
de los ángeles tañeré para ti,
me postraré
hacia tu santuario.
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia
y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste
el valor en mi alma.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten
los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor
es grande.
Tu derecha me salva.
El Señor completará sus
favores conmigo:
Señor, tu misericordia es
eterna,
no abandones la obra de tus manos.
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| Segunda lectura |
1Co 15, 1-11 |
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| Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído |
| Lectura dela primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios: |
[Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque] (hermanos,) lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue
esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado
y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a
Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos
juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después
se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me
apareció también a mí.
[Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y sugracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo.] Pues bien, tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que
habéis creído. |
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| Dejándolo todo, lo siguieron |
| Lectura del santo evangelio según san Lucas: |
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de
Dios, estando Él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto
a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió
a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra.
Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.» Simón contestó: «Maestro,
nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu
palabra, echaré las redes.» Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan
grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para
que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:
«Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado
de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros
de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador
de hombres.» Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
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