Me gusta ver a María subiendo con prisa la montaña de Judea o subiendo la sierra de Montserrat arriba. Va grávida de futuro, por eso camina tan ligera: el futuro no pesa, pero atrae y arrastra hacia hitos más altos.
Me gusta María, la chica de Natzaret -chica y sola- subiendo cuesta arriba con una audacia increíble. Pero sabe que no va sola. Lleva en su seno el Santo de Israel. Es el Arca de la nueva alianza ... Por eso Juan salta de alegría en el vientre de Isabel como en otros tiempos David delante del Arca ...
Me gusta ver a María oyendo el saludo de la parienta Isabel: «Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres» ... más que a Jael y a Judit, las dos salvadoras del pueblo de Israel. Y el fruto de tu vientre, María, «bendiuto el fruto de tu vientre, Jesús,» nuestro Salvador.
María necesita compartir con Elisabet el gozo de la maternidad. También compartirá con ella el gobierno de la casa. Sobre todo, le apoyará.
Me gusta oir a Elisabet proclamando a María la Mare del Senyor, que se digna a visitarla ... Nunca se ha podido decir de ella una alabanza mayor.
Me gusta sentir a Elisabet proclamando bienaventurada a María no por el Hijo que lleva sino por aquello que es: creyente. Bienaventurada porque has creído. Porque es creyente, María es hermana nuestra, compañera nuestra, modelo nuestro, camino nuestro, Madre nuestra. La Fe la hace grande a ella y nos hace grandes a nosotros. «El que escucha la palabra y la cumple me es hermano, hermana y madre» ... dijo Jesús. Por la fe, compartimos la maternidad de María. Como Ella continuamos llevando Jesús al mundo.
Con razón María proclama la grandeza del Señor que hace maravillas contando con una chica tan pequeña y tan grande, con la pequeñez y con la grandeza de una chica creyente, que se confiesa sirvienta del Señor y sirvienta nuestra.
Por eso nuestro canto de hoy es el mismo de María: Mi alma magnifica al Señor, quiero alabar al Señor porque es grande ...
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«Rosa d’abril, Morena de la Serra,
de Montserrat estel,
il·lumineu la catalana terra,
guieu-nos cap al cel...
Sigueu pels bons pilar de fortalesa,
pels pecadors el port de salvament.»
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