Català Castellano
comentario a las lecturas de la misa
festividad de todos los santos
Se dejaron querer y aprendieron a amar y a ayudar

Hoy hablamos del cielo. Mirad: Juan ve una gran multitud de gente que lleva grabada en la frente la señal del Dios vivo. Son 144.000 que representan a Israel. Y luego una inmensa multitud de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; de pie delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos, signos de victoria. Fijémonos bien. Seguro que veremos muchas personas conocidas y muy queridas. También llevan los signos de victoria y cantan: «¡Nuestro Dios nos ha salvado! ¡Nos ha salvado del Cordero de Dios!» ¡Qué liturgia más bonita! También es bonita la nuestra en su sencillez. Sencilla y todo, es el ensayo de gran fiesta del cielo.

¿Quién es y de dónde viene toda esta multitud?

Son los que han pasado la gran prueba, han seguido a Jesús por el camino de la cruz y ahora se pasean blanqueados por la sangre del Cordero. Ya no pasarán nunca más hambre ni sed. No quemará el calor del sol. Porque el Cordero que está en medio del trono será su pastor y los conducirá hacia los manantiales del agua de la vida. Dios enjugará todas las lágrimas de los ojos, igual que la madre nos las enjugaba cuando éramos pequeños. Han pasado la misma prueba de la fidelidad cristiana que pasamos nosotros ahora, en las situaciones normales de la vida, o en situaciones que pedían una respuesta heroica y generosa. Eran como nosotros, de nuestro mismo barro.

Experimentaron la misma prueba de amor del Padre: Dios nos reconoce como hijos suyos, y lo somos. Sí, queridos, ahora ya somos hijos de Dios. Vendrá el día en que, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como es. Ellos ya disfrutan de eso mismo que nosotros anhelamos y añoramos.

El camino que lleva a esa plenitud es el mismo que el nuestro. Ellos fueron felices porque en su pobreza, en sus lágrimas, en su hambre, en la incomprensión y hasta en la persecución sintieron el amor del Padre. Se lo mostraban a través de la generosa solidaridad de muchos hermanos. Se dejaron querer y aprendieron a amar y a ayudar.

Jesús proclama bienaventurados a los que lloran y a los que no llegan a fin de mes o se sienten perseguidos, menospreciados y marginados no por sufrir lo que sufren, sino porque ha surgido un grupo de discípulos de Jesús que han puesto y ponen todo lo que saben, tienen y pueden al servicio de quienes no pueden ni saben ni tienen para aliviarles ahora, porque Dios está descaradamente de parte de ellos. Por eso sois felices vosotros los de Cáritas. Lo son todos los que en estos tiempos difíciles no se cierran en sí mismos ni en sus problemas sino que se abren a los hermanos y los miran con los ojos del Dios y los aman con el corazón de Dios. Y como ellos tantas personas de corazón compasivo, capaces de compartir el gozo y las penas con los demás, personas de corazón transparente que en su comportamiento transparentan el amor y la alegría del Padre. Personas que a cambio del bien que hacen, a menudo son mal vistos, criticados, perseguidos... Comparten la suerte y la grandeza de los profetas y de Jesucristo.

Este es el camino del cielo, el que lleva a la plenitud de la vida y del gozo de compartir el amor desbordante de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, comunidad de vida y de felicidad, con Santa María y todos los que nos han precedido en el camino.

Hoy día de Todos los Santos alegrémonos porque el cielo es de ellos y lo es también nuestro. Mantengamos viva nuestra esperanza. Decía san Pablo a los romanos: Me parece que los sufrimientos del tiempo presente, ni sufrimientos son, comparados con la realidad divina que se nos debe revelar.

*********

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sagrado?

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
Agenda
Direcciones y horarios
Servicio de acogida
 

Establecer como página de inicio Añadir a Favoritos Aviso legal
© Copyrigth - Parroquia Sant Antoni Maria Claret, de Lleida - 2008 (Elaborada por voluntarios de la Parroquia)