Català Castellano
comentario a las lecturas de la misa
festividad de todos los santos

Me hace gracia –si no pena- oír en algunos funerales o leer en esquelas mortuorias o en notas necrológicas: allí donde estés... Si estás en algún sitio... No te olvidaremos nunca… Si les preguntamos el porqué, quizás se confesarán ateos o agnósticos o no creyentes... Pero por si acaso… Hombre, si ya no son ni están en ningún sitio, sería más racional y razonable no decirles nada ni preocuparse de los que nada son.

Pero un cristiano tiene algo que decir. Nuestros difuntos viven en Dios, porque Dios es Dios de vivos, no de muertos. Dios nos reconoce como hijos suyos. Es verdad que todavía no se ha manifestado cómo seremos; pero cuando se manifieste, seremos parecidos a él, porque lo veremos tal como es.

El Apocalipsis nos muestra una inmensa multitud tan grande que nadie no podría contar: gente de toda nacionalidad, raza, pueblo y lengua. Nos los presenta en el cielo celebrando una liturgia preciosa, de la que ahora celebramos, es una pálida muestra.

Están donde están, porque han recorrido un camino muy sencillo y al alcance de todos.

Y todo el que tiene esta esperanza en él, -dice san Juan- se purifica, para ser como Jesucristo. Son personas que, en vida, las pasaron de todos los colores. A menudo no tenían otro punto de apoyo que la confianza en Dios: vivían rodeados de pobreza y en situaciones aflictivas. Pero no perdieron nunca la esperanza.

Otros se lo pasaban mejor: pero como tenían una profunda y directa amistad con Dios, porque eran limpios de corazón, se pusieron al servicio de los pobres y de los afligidos, para enjugarles las lágrimas y aliviarles la vida y hacerles sentir la proximidad de Dios para con ellos.

Eran también compasivos de corazón. Y muy humildes. Tenían una gran hambre y sed de hacer la voluntad de Dios en favor de los más desfavorecidos. A pesar de esto, a menudo sufrieron la incomprensión de los buenos y hasta la persecución de los malos. Y ahora los vemos vestidos de blanco: han superado la gran tribulación. Son los Santos, los amigos de Dios, porque en la tierra siempre estuvieron con aquellos que Jesús proclamó bienaventurados.

Para Dios no hay ciudadanos anónimos. Todos, con nombre y apellidos, gozan en el cielo de la compañía gozosa de Dios. Nos esperan también a nosotros. Si seguimos sus huellas, llegaremos a donde ellos han llegado.

Es la fiesta de Todos los Santos. También tenemos presentes a nuestros difuntos. Pedimos para ellos la plena vida en el Señor. También ellos entran en el número de Todos los Santos que hoy celebramos.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
Agenda
Direcciones y horarios
Servicio de acogida
 

Establecer como página de inicio Añadir a Favoritos Aviso legal
© Copyrigth - Parroquia Sant Antoni Maria Claret, de Lleida - 2008 (Elaborada por voluntarios de la Parroquia)