Dos aspectos quiero remarcar hoy de la figura del P. Claret: su celo y la fuente de donde él bebía.
Me ha llamado mucho la atención como un compañero del P. Claret, misionero como él, 10 días después de la muerte de su Fundador, focalizó la oración fúnebre en honor de él en esta frase: la pasión dominante del Arzobispo Claret era evangelizar y que el celo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas se lo comía. Y remarca 7 notas de este celo:
1º Ordenado: Claret no trabajaba a la ligera, sino bien planeado.
2º Con autoridad, es decir, que hablaba con la autoridad que viene de la coherencia entre palabra y vida. Nadie le podía decir: Medice cuida teipsum: Médico, cúrate a ti mismo. Predicaba con el ejemplo.
3º Desinteresado, en la línea de pobreza que remarca el evangelio de hoy.
4. Prudente: mesurado, largamente meditado, asumiendo todos los riesgos necesarios pero sin ser nunca temerario.
5. Dulce con el prójimo y severo con él mismo: El obispo de Segovia le expresó su extrañeza del porqué, siendo él tan austero, era tan amplio con sus misioneros.
6º Universal en el alcance de sus predicaciones y en sus escritos.
7º Constante y perseverante hasta al fin, como también lo han estado las persecuciones.
1. - El celo del P. Claret: Espoleado por la palabra de Jesús «hay mucho por segar y los segadores son pocos ...» Claret se entregó con pasión no sólo a salvar las almas, como decíamos antes, sino a promover a las personas al máximo nivel posible en todos los campos: religioso, cutural y económico.. Por eso
- fundó la Librería Religiosa, para propagar la fe y la cultura
- potenció las bibliotecas populares y las cajas de ahorro al servicio del pueblo.
- promovió en Puerto Príncipe una granja-escuela para chicos y chicas pobres de Cuba.
- para aumentar, formar y enviar nuevos trabajadores fundó la congregación de Misioneros, una de religiosas, la Academia de san Miquel.
2. - Este celo se alimentaba de la lectura y el estudio de la Palabra de Dios, que empapaban su plegaria y su acción. Claret dice de él mismo: Leía la Santa Bíblia, y había pasos que me impresionaban vívamente y me parecía oír una voz que me llamaba a mí mismo todo aquello que leía.
Claret fue un apasionado de la Bíblia. La llevaba siempre en su "farcellet" en una edición manual. Leía 4 capítulos cada día, publicó el evangelio de san Mateo, con anotaciones; una Bíblia en formato reducido y la más extensa en seis volúmenes de Scio en latín y en castellano.
Este año la fiesta de san Antonio Mª Claret se celebra durante el Sínodo de Obispos entorno a la Palabra de Dios. Es una invitación a estimar, a leer, a contemplar la Palabra de Dios, en el conocimiento y estudio de la Bíblia.
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Oración apostólica de san Antoni Mª Claret:
¡Oh Dios y Padre mío!,
haced que os conozca y os haga conocer;
que os ame y os haga amar;
que os sirva y os haga servir;
que os alabe y os haga alabar de todas las criaturas.
Condecedme, Padre mío, que todos los pecadores se conviertan;
que todos los justos perseveren en gracia, y
que todos consigamos la gloria eterna.
Amén.
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