Es una fiesta muy hermosa la de hoy y, aunque a simple vista no lo parezca, nos afecta personalmente a todos nosotros. Cuando rezamos la Salve, decimos: Dios te salve, Reina y Madre, vida, dulzura, esperanza nuestra. Sí, ella hace más dulce nuestra vida porque refuerza nuestra esperanza porque vemos realizado en María lo que creemos y confesamos: Creo en la resurrección de la carne y la vida de la gloria. Jesús es el primero en haberlo logrado. Cristo el primero, después a la hora de su venida gloriosa, los que son de Cristo.
María es la persona que salió perfecta de las manos de Dios. Y he aquí por qué tanto el evangelio de hoy como el Apocalipsis nos presentan a María como santuario viviente de Dios. Isabel la saluda como la Madre del Señor y el no nacido todavía Juan salta de alegría en el vientre de su madre. Y María se quedó tres meses llenando de alegría y de palabra aquella casa. Si leyéramos la narración del traslado del arca de la alianza hacia el palacio de David, veríamos como san Lucas aplica a María visitando a Isabel lo que la Biblia dice de David. David exclamó: ¿Quién soy yo para que el arca de mi Señor ... y danzaba y bailaba. Y el arca estuvo tres meses en casa de Odedom que quedó llena de las bendiciones de Dios.
El arca de la alianza ocupaba el centro del Tabernáculo en el desierto y era el único objeto que ocupaba sola el sancta sanctorum del templo de Salomón. Cuando el año 587 aC el templo fue destruido, el arca desapareció. Cuentan que Jeremías consiguió llevársela a tiempo y esconderla en un lugar que ya nadie fue capaz de encontrar. Y esperaban que cuando llegara la restauración de Israel, aparecería el arca.
Pues bien, María es el arca de la nueva alianza. El santuario del templo de Dios que hay en el cielo se abrió, y dentro del templo apareció el arca de la alianza de Dios. Llegan pues los tiempos nuevos, la implantación del reinado de Dios con el triunfo sobre el pecado y sobre la muerte. Es lo que proclamamos al celebrar la fiesta de la Asunción de Maria al cielo, junto a Dios.
Y eso que parece tan exclusivo de María está a nuestro alcance. Ella es bienaventurada no sólo por ser la Madre del Señor, sino que es sobre todo por haber creído, por haberse fiado de Dios. Y está contenta porque Dios ha hecho en ella y por ella cosas grandes. Y la fe está también a nuestro alcance. Y por esto podemos hacer nuestro el cántico de Santa María: Dios ha hecho maravillas en y por María, Dios ha hecho y hace maravillas en y para estos cristianos tan poca cosa que somos nosotros. Y es sirviéndose de personas muy pequeñas e insignificantes que acabamos derribando a los poderosos de sus tronos y dando espíritu de pobres a los ricos y manteniendo firme la fe y haciéndola fecunda como el grano de mostaza que siendo tan pequeño se convierte en arbusto capaz de cobijar los pajarillos del cielo.
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