La lectura de la Pasión según san Juan impresiona profundamente. No hace falta insistir. Por si acaso, hagamos nuestra la recomendación del evangelista. Miremos al que traspasaron...
Los cristianos antiguos, mirando de hito en hito al Crucificado, se fijaban en que Jesús al morir entregó su Espíritu. Y a la luz de este Espíritu, veían cómo del lado herido de Jesús por la lanzada brotaba sangre y agua y en la sangre y el agua veían representados los sacramentos del bautismo y de la Eucaristía que forman al cristiano.
A la luz del mismo Espíritu veían en Jesús muerto en la cruz, al nuevo Adán. ¿Recuerdan la manera como el Génesis explica que del costado de Adán dormido en el paraíso Dios formó a Eva, la madre de los vivientes? Del mismo modo, del costado de Cristo, nuevo Adán, dormido en la cruz, Dios formó a la Iglesia que nace y crece del Bautismo y de la Eucaristía.
Miren: como cristianos, somos fruto del Amor infinito de Jesús. Hemos brotado de su corazón. Esta Iglesia, que es tan pobre, tan pecadora y tan débil como nosotros, es fruto del Amor inmenso de Jesús que habiendo amado a los suyos los estimó hasta el extremo. Deberíamos preciarnos mucho de ser miembros de la Iglesia y amar al conjunto de los cristianos. Y también ir con cuidado en evitar la crítica fácil de la Iglesia, como si la Iglesia fuese algo diferente de nosotros... Cuando seamos capaces de hacer por nuestros hermanos lo que Jesús ha hecho por nosotros, entonces podremos criticar y juzgar... mientras tanto, mirémonos a nosotros mismos y miremos de ser dignos de los sacramentos que hemos recibido y del don de la comunidad cristiana.
Haremos bien en acompañar a María, la Madre Dolorosa, en su soledad angustiosa. Tan hermoso como nos entregó a Jesús en Belén y tan ultrajado como se lo devolvemos hoy en el Calvario!
Y con el dolor de María, compartamos el dolor de tantas madres privadas de sus hijos, y de todos los hermanos nuestros que sufren.
Cuando mañana celebremos la vigilia pascual, renovaremos estos dos sacramentos que nos dieron vida, y que por esto son, los sacramentos pascuales por antonomasia. |