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comentario a las lecturas de la misa
miÉrcoles de ceniza (a)
Jesús es nuestro modelo y nuestro camino

Dice el oráculo del Señor: «Convertíos a mí con todo vuestro corazón; ¡ayunad, llorad, vestíos de luto! ¡Rasgaos el corazón, y no los vestidos! Convertíos al Señor, vuestro Dios; él es benigno y entrañable».

Es el grito de la Iglesia durante la cuaresma: convertíos, cambiad de mentalidad y de vida, ajustad vuestro pensamiento al pensamiento de Jesús, ajustad vuestra vida a la fe que profesáis.

La cuaresma nos prepara para vivir con intensidad el misterio pascual, la muerte y resurrección del Señor que todos los cristianos vivimos sacramentalmente en el bautismo.

Un primer paso, puede ser la revisión de nuestros canales de comunicación. Sería como el punto cero de la «conversión». Nos lo insinúa Jesús en el evangelio de hoy.

Jesús, como buen israelita, practicaba unas prácticas concretas, centradas en la limosna, en la oración y en el ayuno. Había quien las practicaba para llamar la atención. Peor para ellos. Jesús no dice que las dejemos de hacer, sino que las llenemos de sentido.

Estas tres prácticas miran la relación con los otros, con Dios y con las cosas.

Pongamos a punto la conexión con los demás: haciéndoles el bien que podamos, con delicadeza, con sencillez, sin esperar nada a cambio. Con mucha humildad. No a bombo y platillo. Mejoremos nuestra relación con las personas de nuestro entorno.

Pongamos a punto la relación con Dios: cómo es nuestra oración. Evitemos la rutina cuando recemos. ¿No podríamos redescubrir el Padre nuestro y mirar de sentirnos hijos de nuestro Padre y hermanos de los demás? Una forma de oración podría ser también dedicar más tiempo a leer y orar con la Palabra de Dios. Son muchos que ya lo hacen con la Misa de cada día u otros instrumentos parecidos. Vale la pena.

Ayuno: es una especie de lección de ecología: tratar bien la naturaleza. Aprender a servirnos de las cosas sin ser esclavos de ellas. Con mesura, con autodominio, tendiendo a la austeridad. Este año tenemos un maestro algo duro del ayuno: la crisis. Hemos estirado más el brazo que la manga... Y nos hemos quedado sin manga y casi sin brazo. Aprendamos a abstenernos de las cosas teniendo siempre en cuenta a los que tienen menos que nosotros o están más desprotegidos que nosotros.

A ver si, al llegar a la Pascua, somos algo más y algo mejor aquello que Jesús nos proclamaba estos domingos pasados: Sois luz, sois sal, sois ciudad de refugio, sois sol y lluvia y sobre todo sois hijos del Padre del cielo. Seamos cada día más como Él.

Jesús es nuestro modelo y nuestro camino.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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