La lectura de la carta a los filipenses nos da el sentido de la semana santa.
Isaías hablando de la Palabra, escribe: «Como la lluvia y la nieve caen del cielo y no vuelven, sino que empapan la tierra y la fecundan, y la hacen germinar hasta que da simiente a los sembradores y pan para alimento, así será la palabra que sale de mis labios: no volverá a mí infecunda. Realizará lo que yo quería, cumplirá la misión que yo le había confiado.»
Jesús, -Palabra del Padre- ha hecho también, como la lluvia y la nieve, un largo y penoso camino: renunciando a los honores divinos, vive la humanidad como un hombre cualquiera en toda su profundidad: pasa por el mundo haciendo el bien, curando enfermos, predicando el amor del Padre a todo el mundo, oponiéndose a los que se creen santos y sabios. No sobrepasa ni un momento su medida humana. Entra de lleno en el juego y en el choque de las libertades humanas con plena fidelidad al hombre y a Dios. Con esto se atrae la malquerencia de las autoridades que le condenan a morir como un esclavo, en una cruz...
El evangelista san Lucas nos presenta esta aventura de Jesús con rasgos propios: los apóstoles que él se escogió son incapaces de mantener esta talla humana preocupados sólo por saber cuál de ellos era el más importante. En el huerto de Getsemaní Jesús suda sangre, privado del consuelo de los discípulos que duermen, pero se deja confortar por un ángel, que se pone simplemente a su lado compartiendo su agonía.
Ante Herodes Jesús mantiene su dignidad sin ceder ni un momento a la frivolidad de un Herodes, cruel e irresponsable que había hecho decapitar a Juan Baptista. Jesús se manifiesta
* delicado con las mujeres que se lamentan por él en el camino de la cruz
* generoso con los que le condenan y se burlan de él: Padre, perdónales que no saben lo que hacen.
* amable con su compañero de cruz: Hoy estarás conmigo en el paraíso...
* confiado en el amor del Padre: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Es significativa la reacción del centurión: Es verdad: este hombre era verdaderamente justo, fiel a Dios, inocente. Ve a un hombre que en su comportamiento da toda su talla humana. POR ESTO... dice san Pablo, sí, precisamente por esto, Dios Padre le ha exaltado y le ha concedido el nombre que está por encima de todo otro nombre... Jesús, el humilde carpintero de Nazaret y ahora Mesías crucificado es el SEÑOR, el nombre divino por excelencia. Y cuando proclamamos a Jesús Mesías y Señor el Padre es glorificado, conocido y amado como nunca.
Jesús manifiesta su divinidad a partir de la vivencia plena de su humanidad.
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Aunque sea desde lejos como los conocidos y como el grupo de mujeres discípulas que habían acompañado a Jesús desde Galilea, contemplemos estos días el misterio de la cruz.
Ser cristiano comporta seguir a Jesús con todas las consecuencias, hasta la cruz si hace falta... Ya vendrá después la resurrección, la total eclosión de lo que somos como personas creadas a imagen y semejanza de Dios. Seremos plenamente lo que ya ahora somos germinalmente: Hijos en el Hijo. |