Sin pretenderlo Jesús es como un imán: lo atrae todo y a todo el mundo, hasta a quienes no lo pueden ver. Hoy lo quieren cazar. Aquella buena gente no buscaba la verdad, sino encontrar a alguien a quien tirar la piedra que esconden en la mano.
La escena es admirable: Jesús; una mujer de pie en medio, a medio vestir, cogida in fraganti...; unos sabios que se saben la Ley al dedillo y unos fariseos, santos varones de Dios que la cumplen al pie de la letra... Y un grupo de mirones esperando cómo termina el espectáculo. Y entre tanto escuchamos la palabra del profeta: «Estoy a punto de hacer una cosa absolutamente nueva ¿no os dais cuenta?». ¿Qué novedad veremos hoy?
Jesús escucha y calla. Y se pone a escribir en el suelo. ¿Qué escribía? Algunos dicen que escribía los pecados de los acusadores... ¿Qué más da? Jesús es un buen psicólogo. Y deja pasar el tiempo. Que los acusadores se pongan nerviosos. Que pesen y midan el alcance de lo que han dicho: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el momento de cometer adulterio. Moisés en la Ley nos ordenó apedrear a estas tales. Y tu, ¿qué dices?»
¿Con que la habéis sorprendido en adulterio, verdad? Tengo entendido que es un pecado que se comete entre dos, ¿no? Pues ¿dónde para el pájaro de cuenta? La Ley de Moisés castiga a los dos con la misma pena... ¿Dónde está pues el otro? Todo carga sobre la mujer; el macho, irresponsable y cobarde como tantas veces... voló... y nunca más se supo.
Finalmente Jesús levanta los ojos y dice: Aquel de vosotros que no tenga ningún pecado que empiece a apedrearla... Y continúa escribiendo... Los acusadores van desfilando, empezando por los más viejos... Ahora sólo quedan Jesús y la pecadora... «¿Dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» «Nadie, Señor». «Tampoco yo no te condeno. Vete y de ahora en adelante no peques más».
La lapidación era la forma más limpia de deshacerse del criminal: El ejecutor se desolidarizaba del pecado y se deshacía del culpable sin tocarlo ni mancharse ¿Qué hace Jesús? Algo nuevo: subraya la solidaridad de todos en el pecado y restablece la comunión con el culpable... y con Dios. Y todos recuperan su dignidad cuando reconocen ante Dios lo que son. Jesús perdona y deja en libertad a la mujer tras volverle la dignidad perdida. Pero no disimula el pecado. No has obrado bien. No vuelvas, pues, a las andadas.
Este episodio tardó mucho tiempo en entrar en el canon de la Escritura. En un tiempo en que la Iglesia se mostraba muy rígida con el adulterio, parecía escandaloso proclamar en la asamblea la manera tan benévola con que Jesús perdonó a la adúltera, sin penitencia alguna...
En cambio Jesús se muestra muy taxativo en los principios. El adulterio niega el proyecto de Dios cuando creó al hombre y a la mujer. El amor humano es un amor de dos personas adultas que es un sacramento, una señal visible del Amor invisible de Dios. No es lícito convertir el amor esponsal en un juego de criaturas que juegan a muñecas y cuando se cansan las tiran. Hoy hay muchos niños/niñas de 14, 24, 34, 44 y más que disponen de píldoras del día antes, del mismo día y del día siguiente, para poder jugar irresponsablemente y sin peligro... Jesús protesta contra esta cosificación deshumanizadora que convierte a las personas en cosas.
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La prensa acusó a un cristiano de algo abominable. Todo el mundo se escandalizó y lo hacia comidilla de todas las conversaciones... y con razón. No había para menos. Después alguien hizo una encuesta: quien no tenga nada que esconder, que deje en tierra la piedra arrojadiza que lleva. Y recogió tantas y tantas y tantas piedras que pudo empedrar una autovía de ida y vuelta a la luna.
Perdonad y Dios os perdonará. Y hoy oremos por los sacerdotes. Que Dios suscite nuevas vocaciones y mantenga fieles a los que se desviven por nosotros. Que se sientan muy queridos y acompañados. Los necesitamos. Son la cara amable de Jesús que acoge y perdona. |