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comentario a las lecturas de la misa
domingo i de cuaresma (a)
Todo aquello que nos deshumaniza o deshumaniza a los demàs,
es tentación diabólica

Dios modeló el hombre a su imagen y semejanza. Lo hizo libre. Queriendo ser más de lo que era por medios inadecuados, en vez de humanizarse, se deshumanizó.

En Jesús, el Verbo de Dios se hizo hombre para enseñarnos a ser lo que somos según lo proyecto creador de Dios. En el bautismo, vio al Espíritu de Dios posando sobre él. Y oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, estoy muy contento de ti.

¿Cómo mostrará Jesús que es el Hijo amado del Padre? Comportándose como un hombre cualquiera, hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.

¿Cómo llegó a esta conclusión? Yendo al desierto, impulsado por el Espíritu para asimilar el cambio de vida que suponía para él pasar de ser el buen carpintero de Nazaret a ser el profeta que proclama la llegada del reinado de Dios. Los días de desierto son unos días aptos para averiguar de qué manera anunciará la presencia amorosa de Dios en el mundo.

El diablo o tentador le pone unas trampas. Si eres hijo de Dios, compórtate cómo espera la gente que se comporte un hijo de Dios: convierte las piedras en pan para alimentarte a ti y al pueblo. ¿Dios dio el maná en su pueblo, no es cierto? O bien, haz un milagro despampanante: échate del campanario abajo y los ángeles te guardarán de todo mal... Más adelante le dirá la gente cuando lo vea colgado a la cruz: si eres hijo de Dios, baja de la cruz y creeremos en ti... Y si esto te parece demasiado mágico, hazte con el poder que te corresponde como hijo de Dios aliándote con los poderes de este mundo: poderes políticos, económicos, mediáticos, fácticos. Con una sola condición: que te arrodilles ante ellos, que hagas tuyos sus ídolos.

Ante este programa, Jesús reacciona apelando a la Palabra de Dios que le señala el camino: Serás hijo de Dios, si eres el hombre que Dios quiere que seas. No aspires a ser dios a la manera de Adán. No aspires a librarte de los problemas adorando el becerro de oro como los israelitas en el desierto. Este es el camino que Jesús escoge. Y así nos marca el camino que nos llevará a la plenitud humana, en la generosa fidelidad a Dios y en la plena solidaridad con los demás.

Para llegar a esta conclusión Jesús cuenta con el Espíritu que lo ha guiado al desierto y que en cada momento le ha sugerido la palabra oportuna que le iluminaba el camino. Estos eran los ángeles que le servían, son los ángeles que también nos sirven hoy a nosotros.

La cuaresma, camino hacia la Pascua, es una especie de gincana: hay quién, para llegar antes, coge atajos: aprobar el curso sin estudiar, ganar dinero fácil en base de engaño, de fraude y de mentira, plegarse a lo que todo el mundo dice y hace sin preguntarse si está bien o mal, si humaniza o deshumaniza. Jesús nos dice: la grandeza del hombre y de la mujer consiste en ser lo que es, como hombre o mujer. En la oración y a la luz de la Palabra de Dios iremos averiguando cómo llegar a serlo. Todo aquello que nos deshumaniza o deshumaniza a los demàs, es tentación diabólica.

En el fondo, el diablo pretende de nosotros una cosa: si somos cristianos, que dejemos de serlo, y si, a pesar de todo, nos mantenemos cristianos, que seamos cristianos mediocres, seguidores de Jesús sólo a medias: Sal que no sala, luz que no alumbra, sol que no ilumina, lluvia que no riega. Con esto ya tiene bastante.

Tengamos presentes estas palabras de la carta a los Hebreos: Fijemos nuestra mirada en Jesús, que sufrió en la cruz, despreciando la vergüenza de semejante muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y está sentado a la derecha del trono de Dios. No os canséis ni os desaniméis.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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