No tengáis miedo! Y tanto miedo que podían tener… Después de un fracaso tan ruidoso, sólo cabía un consuelo: rendir los últimos honores funerarios al ser querido, muerto de mala manera, pero con gran dignidad, en la cruz. Ante el sepulcro se encuentran con la gran sorpresa: resplandor y la piedra removida... Es el ángel, es la clave del misterio: Sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está, aquí. Ha resucitado tal como lo había predicho.
Haced memoria. Os lo decía y os lo repetía, pero no os pasaba por la cabeza que pudiera ser y menos que las cosas pasaran de este modo tan horroroso. No hay tiempo que perder. Id a comunicarlo a los otros discípulos. Ha resucitado y os invita a rehacer con Él el camino de Galilea hacia Jerusalén. En este camino veréis la coherencia de todo lo que ha acontecido. Todo tiene un sentido. La vida de Jesús, con su actitud frente al templo, a las tradiciones rutinarias, ante el poder, tenía que acabar en la cruz. Pero la cruz no era la última palabra. El Padre lo ha exaltado y le ha dado el nombre sobre todo otro nombre. En Galilea lo veréis. Id y lo encontraréis.
Inmediatamente aquellas buenas mujeres, con todo el miedo y con toda la emoción, pero con toda la alegría del mundo, se fueron corriendo a anunciarlo a los discípulos. Jesús les salió al paso y las saludó diciendo: “Alegraos.» Ellas se le acercaron, le abrazaron a los pies y lo adoraron. «No tengáis miedo. Id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea y que allá me verán.
Es bonito este ir y venir y este comunicar noticias dichosas. Es lo que celebramos en esta vigilia pascual. Jesús está aquí, presente entre nosotros y nos anima a recorrer el mismo camino que las mujeres y los discípulos.
El misterio de la resurrección se hace presente en cada uno de quienes reciben el bautismo. Nos lo decía san Pablo:
Todos los que habéis sido bautizados en Jesucristo, habéis sido sepultados con él en la muerte y compartís su resurrección para emprender una nueva vida. De ahora en adelante no seáis esclavos del pecado. Resucitados con Cristo, vivid para Dios en Jesucristo.
Por esto nosotros ahora renovaremos nuestro bautismo. Nosotros no fuimos bautizados con el bautismo de inmersión. El agua nos tocó un poco la cabeza. Por esto somos cristianos un poco a medias. Nos vamos haciendo y rehaciendo de pascua en pascua. A ver si cada año nos revestimos más de Jesucristo, de forma que cada vez nos asemejamos más y le hacemos presente en el mundo mediante nuestra vida. |