¿Os habéis fijado como María Magdalena llega al sepulcro y se vuelve aturdida a decir a los apóstoles: «Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto»?
Más tarde volverá y verá a dos ángeles que le preguntan qué busca. Después ve a Jesús y lo toma por el hortelano y no lo reconoce: Sólo cuando se siente llamada por su nombre... reacciona, reconoce a Jesús y se echa a sus pies y los abraza. Ella -¡una mujer!- será el primer testigo y el primer apóstol de la Resurrección. He visto al Señor y me ha dicho: «Subo a mi Padre que es también vuestro Padre, a mi Dios que es también vuestro Dios».
Pedro y otro discípulo van al sepulcro y no ven ningún ángel, sólo la sábana y el sudario... El otro discípulo que había llegado primero al sepulcro, lo vio y creyó. Hasta aquel momento todavía no habían entendido que, según las Escrituras, Jesús había de resucitar de entre los muertos.
Ninguna visión ni ninguna aparición: sólo la Palabra de Jesús al que recuerdan i evocan al ver en el sepulcro la sábana y el sudario. Los ladrones se habrían llevado los lienzos con el difunto...
La resurrección de Jesús es cosa de fe, no de sentidos... En esto estamos al mismo nivel que Pedro y el otro discípulo: hoy estamos aquí celebrando la Pascua convocados por la Palabra de Cristo Resucitado. No lo vemos directamente, pero lo sentimos presente en Palabra y en la fracción del pan, como los dos discípulos de Emaús...
Alegrémonos y celebrémoslo. ¡Aleluia!
¡Felices Pascuas de Resurrección! |