Hoy podríamos hacer la homilía más corta y más sabrosa y provechosa del año: la homilía de san Juan Evangelista. ¿La conocéis?
La comunidad ardía en deseos de oír un sermón de san Juan, el apóstol más querido de Jesús, el único que todavía vivía. Como ya era muy mayor, casi centenario, y a duras penas se tenía en pie, lo llevaban a la asamblea cristiana en una silla. Todo el mundo anhelaba oírle, atentos para no perder ni una palabra. Al fin habló: Hijitos míos, amaos mutuamente como Jesús nos amó. Y aquí se acabó la plática. Bonita ¿verdad?
Próximo encuentro. Toda la comunidad esperando otra homilía del Apóstol, aunque fuese algo más larga. Pero Juan dijo: Hijitos míos, amaos mutuamente como Jesús nos amó. Y asó empezó y terminó la segunda homilía. -Por favor, Apóstol Juan, ¿no tiene nada más que decir? -Hijitos, es el único mandato de Jesús y si lo cumplimos, ya hemos cumplido toda la Ley.
Y es verdad. Es la única recomendación que Jesús nos deja en la Cena de despedida: Os doy un mandato nuevo: que os améis mutuamente. Como yo os he amado, amaos también vosotros. ¿Cómo nos ha amado Jesús? Habiendo amado a los suyos... se levantó de la mesa y les lavó los pies. ¿Lo entendéis? Si yo, el Maestro y el Señor os he lavado los pies, hacedlo también vosotros. Asumir el servicio más humilde para salvarnos a todos...
* Para Jesús, amar es dar la vida.
* Para Jesús, el amor supone intimidad: no os digo siervos, os he dicho amigos.
* Para Jesús, amar quiere decir complacer a la persona amada en su necesidad que tiene de Dios y de amor.
* Para Jesús, amar es pasar por el mundo haciendo el bien.
Los primeros cristianos lo tomaron muy en serio. No había pobres entre ellos, lo compartían todo. Y la gente exclamaba: «¡Mirad cómo aman! ¡Cómo están dispuestos a morir los unos por los otros!».
Afortunadamente hay muchas personas entre nosotros que practican este amor que Jesús nos recomienda. Hace unos días me decía un señor mayor que aparte de la contribución voluntaria que hace a Càritas, cada semana paga la comida a un inmigrante sin trabajo y sin papeles... Nadie lo sabe. El buen señor, casi sin darse cuenta, cumple el mandato de Jesús. Y como él seguro que conocéis a muchas personas. Y sin ni darse cuenta colaboran a crear el cielo nuevo y la tierra nueva de que habla el Apocalipsis hoy.
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San Pablo describía así el amor cristiano: El amor es sufrido, el amor es servicial, excluye la envidia; el amor no es presumido, no se hincha de orgullo, no es grosero ni egoísta, no se descontrola, olvida el mal y lo perdona, no está de acuerdo con la injusticia, su gozo es la verdad. Sabe excusarlo todo, se abre siempre a la confianza, no pierde nunca la esperanza, es capaz de aguantarlo todo.
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