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comentario a las lecturas de la misa
domingo V de Pascua (a)
Jesús es el acceso al Padre, Él nos lo muestra y nos hace participar de su misma vida

Emociona oír i repetir la plegaria del salmo 42: Tengo sed de Dios, del Dios que me es vida; ¿cuándo podré ver a Dios cara a cara? O la del salmo 62: ¡Dios mío, tú eres mi Dios! Con ansias te busco, pues tengo sed de ti; mi ser entero te desea cual tierra árida, sin agua, sin vida.

Era también el vivo anhelo de Moisés: - Déjame contemplar vuestra gloria. - No podrás ver mi cara, porque quien me ve no puede continuar viviendo. Finamente el Señor bajó en medio de la nube, se paró cerca de Moisés y pronunció su nombre: -¡El Señor! ¡El Señor! ¡Dios compasivo y benigno, lento para el castigo, fiel en el amor!

No es posible ver el rostro de Dios y continuar viviendo. Para contemplarlo hay que deshacerse de los prejuicios y saber ver “la espalda” de Dios: saberlo ver en la historia de amor de Dios con su pueblo. Así Moisés alcanzó a ver quién y cómo es Dios.

En Felipe culmina este deseo de ver a Dios. “Muéstranos al Padre y nos basta”. No le bastaba la respuesta de Jesús a Tomás: Si me habéis conocido a mí, también conoceréis a mi Padre.

Tomás no entiende nada: No sabemos a dónde vas, como podemos saber el camino… Yo soy el camino, la verdad y la vida. Jesús es el acceso al Padre, Él nos lo muestra y nos hace participar de su misma vida. “Lo conocéis porque ya lo habéis visto”. ¿Es posible?

Felipe lo ve muy complicado. No quiere atajos: Muéstranos al Padre y nos basta.” Jesús le responde algo desconcertado: Tanto tiempo que estoy con vosotros y todavía no me conoces?

Es la pregunta que muchos padres y madres e hijos y abuelos y maestros y curas y amigos nos hacemos o nos hacen: ¿Tanto de tiempo conviviendo y todavía no nos conocemos?

Generalmente tenemos que esperar a que la persona amada se muera para reconocer que era tan buena… Lo podríamos aprender y decirlo antes, ¡No? A menudo sólo tenemos un conocimiento superficial de las personas más próximas a nosotros.

A Felipe le pasa como a Moisés. Felipe, le dice Jesús, no hay atajos para ir a Dios o para llegar al corazón de las personas. Para ver al Padre hay que abrir muy bien los ojos y los oídos. Hay que aprender a mirar y a escuchar. Fíjate bien en lo que Jesús dice y hace. Jesús mira al mundo y a las personas con unos ojos nuevos. Y los ama de un modo nuevo. Mirad de quién se rodea y se acompaña, a quien da preferencia: los pastores de Belén, los pescadores de Galilea, los estropeados, los cojos y los enfermos y los destrozados por espíritus destructores. Pecadores y publicanos, niños y mujeres, hasta de prostitutas… En esto que Jesús hace y dice revela el rostro del Padre amoroso que ama entrañablemente todo lo que él ha creado, que hace salir el sol y hace llover sobre buenos y malos porque son hijos suyos. Que si engalana las flores del campo y alimenta a los pajarillos del cielo, mucho más vestirá y alimentará a sus hijos. Es así como el Padre muestra quién es y lo hace a través de su Hijo muy amado.

También hoy el Padre y Jesús se muestran a los hermanos a través de lo que los cristianos decimos y hacemos, en la medida que vivimos unidos a Jesús. Y el Padre es glorificado –conocido y amado- cuando hacemos y decimos las cosas que Jesús hacía y aún mayores. Y es que todo lo podemos si lo pedimos todo al Padre unidos a Jesús que está a su lado y a nuestro lado.

Jesús, acabada la misión en la tierra, nos la ha confiado ahora a nosotros.

En la casa del Padre –dice Jesús- hay muchas estancias. En el ámbito donde el Padre se hace presente, hay un espacio reservado a cada uno de nosotros. Y Jesús nos lo ha preparado. Es el mismo espacio que ocupamos ahora. Pongamos todo el corazón y todo el amor de Jesús. Y estaremos en plena comunión con el Padre y con los hermanos.

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Vosotros, como piedras vivas, asentados sobre la piedra angular que es Cristo, dejad que Dios haga de vosotros un templo espiritual, un sacerdocio santo, que ofrece víctimas espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo. Así lo proclamamos para alabanza de aquel que nos ha llamado del país de tinieblas a su luz admirable.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com

 
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