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comentario a las lecturas de la misa
domingo IV de Pascua (a)
Como Buen Pastor, Jesús nos conoce y es reconocido por nosotros

El evangelio nos presenta a Jesús como Buen Pastor, que se mueve en el redil y entre su rebaño como en su casa: no se tiene que esconder. Todo es transparente. Por esto tiene siempre la puerta abierta. Se contrapone al mercenario, al ladrón o al lobo que se aprovechan del rebaño para figurar, para robar, para matar o destruir. Jesús es la puerta de acceso al Padre celestial al servicio de todos los hermanos.

Como buen Pastor, Jesús

* Nos conoce y es reconocido por nosotros. Tiene un nombre para cada uno de nosotros. Mantiene una relación personal y viva con cada uno. No hay ningún anónimo a sus ojos. Todos tenemos nombre y apellido.

* Como tiene esta relación personal, puede dar la vida por nosotros. Nadie da la vida por una idea abstracta: la humanidad, la libertad, la fraternidad. En cambio los padres se desviven por sus hijos, el amigo por su amigo, la esposa por el esposo. La Eucaristía es una muestra concreta de este amor personal y viva de Jesús por cada cristiano.

* Como buen pastor ofrece pasto abundante al alcance de cada uno, a campo abierto, a la libertad del sol y del aire, un alimento siempre sano y siempre ecológico, sin contaminaciones de ningún género.

* Va delante, mostrándonos el camino y vigilando. Cuando ve venir el lobo, no huye. Esto lo hace el pastor mercenario, que sólo mira por su interés y, como no se juega nada personal, huye cobardemente y deja las ovejas a merced del lobo. Y el lobo las arrebata y las dispersa. Jesús habla también del ladrón y del bandolero, que vienen sólo para robar, matar y destruir. Jesús en cambio ha venido para dar vida en abundancia.

Fijémonos: pastor son el obispo y los padres. Y también los maestros, y los alcaldes y todos los que están al servicio del bien común, corporal, cultural, espiritual de los ciudadanos. Cada uno se tiene que mirar en el espejo que es Jesús y mirar de no comportarse como el mercenario o como el lobo, el ladrón y bandolero que rapiñan todo lo que saben y pueden.
San Pedro, haciéndose eco de la palabra de Jesús, decía a los ancianos, los responsables o presbíteros o padres de ayer y de hoy y de mañana:

Sed pastores del rebaño que Dios os ha confiado. Velad por él no por pura fuerza, sino de buen grado, a la manera de Dios. Tampoco por ansia de hacer dinero, sino desinteresadamente. No gobernéis autoritariamente la comunidad que os ha tocado en suerte. No, nada de esto. Sed más bien el modelo de vuestro rebaño.

Qué estampa más bonita para el que tiene confiada la vida y el bienestar de las personas: sacerdotes, padres y madres, maestros y políticos. Naturalmente, si exigimos que los «pastores» sean lo que tienen que ser, como Jesús, el buen Pastor, los otros tenemos que reconocer, aceptar, seguir a quienes nos gobiernan. No como borregos despersonalizados, sino una obediencia libre, agradecida y responsable, con una colaboración leal y generosa.

La Iglesia dedica este domingo del Buen Pastor a rogar por las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Jesús continúa diciendo: Sígueme, e invitando a entrar en su amistad, a escuchar de cerca su Palabra y a vivir como Él. No para de llamar personas a seguirlo con esta forma de proximidad: personas de toda edad, cultura, formación, procedencia. Dispuestas a dedicar su vida al servicio de los hermanos en la necesidad que tienen de Dios.
Tenemos que pedir al Señor que envíe buenos pastores a nuestras comunidades. Que nuestros pastores sean buenos y encuentren en los cristianos una respuesta libre y responsable, siempre respetuosa y generosa siempre.

He aquí lo nos dice el Papa Benedicto XVI: La capacidad de cultivar vocaciones es un rasgo característico de la vitalidad de una iglesia local.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com

 
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