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comentario a las lecturas de la misa
ascensiÓn del seÑor (a)
Estoy con vosotros día tras día

La carta a los cristianos de Éfeso nos da el sentido de la fiesta de hoy: Jesús ha recibido del Padre todo poder y está sentado a su derecha, comparte su poder al servicio del amor. Pero no se ha separado de nosotros: La Iglesia –nosotros– es el cuerpo de Cristo, la presencia plena y activa de Cristo que llena todo el universo.

Sí, la Iglesia, -el conjunto de los creyentes que nos reunimos entorno a Cristo Resucitado-, somos miembros de su cuerpo. Corre la misma vida por sus venas y por las nuestras. Él es nuestra cabeza, nosotros somos su cuerpo, su presencia visible en este mundo...

La primera lectura nos explica esto mismo en forma narrativa. Es muy bonito: después de 40 días... Se tiene que ir y los suyos no entienden nada. Pero les aconseja que esperen la fuerza del Espíritu que los hará testigos suyos en Jerusalén, en todo el país de los judíos, en Samaria y hasta los límites más lejanos de la tierra. También en Balàfia.

Fijémonos en un detalle: Una nube se lo llevó y ya no lo vieron más. La nube es un signo de la presencia oculta de Dios. La nube cubrió el tabernáculo en el desierto como señal de que Dios habitaba en medio de su pueblo. La nube llenó el templo de Salomón el día que fue dedicado. El Espíritu Santo, como una nube, cubrió con su sombra y consagró a Santa María el día de la Encarnación.

Hoy la nube se lleva a Jesús junto al Padre. Más que llevárselo a su lado, el Padre lo consagra como templo suyo. Desde ahora, los discípulos que no se cansaban de subir al Templo de Jerusalén, se dan cuenta de que se han de reunir no en un lugar sino entorno a la Persona de Jesús Resucitado. Cada casa, cada reunión de cristianos, cada celebración es la presencia de Cristo.

La ascensión tiene otro aspecto: Jesús ha cumplido su misión: ahora toca a los discípulos completarla. No esperen victorias visibles o llegadas triunfales de Dios instaurando su reinado. Es lo que nos dice el Evangelio: -Dios me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra. Id a todos los pueblos...

Id a todas partes. Tenemos una misión universal en el tiempo y en el espacio. Jesús en nosotros ha de llegar a todos los rincones de nuestra parroquia y de la ciudad.

Haced discípulos: seguidores de Jesús, que no paran nunca de aprender, que se esfuerzan en vivir según lo que han aprendido, sabiendo que sólo han de aprender una lección: amaos como yo os he amado.

Y bautizad. Por el bautismo somos sumergidos en la vida de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. La vida de Dios se desarrolla en el corazón de cada cristiano.

Y una última palabra: Yo estoy con vosotros, día tras día, hasta que el mundo no llegue a su culminación.

Con la resurrección y ascensión, Jesús rompe las barreras del tiempo y del espacio, y por esto, puede estar presente en todo espacio y en todo tiempo. Jesús es EMMANUEL, Dios con nosotros. No estamos solos.

Este es el gran mensaje de la fiesta de hoy: la fiesta de la presencia de Jesús entre nosotros.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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