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comentario a las lecturas de la misa
santa maría, madre de dios

Hoy tenemos motivos de alegría, de ilusión, de reflexión, de plegaria, de acción de gracias. Sí, motivos de acción de gracias a Dios por los dones que de Él hemos recibido durante el 2009. También de ilusión año nuevo vida nueva... De reflexión: ¿a dónde nos ha llevado nuestra carencia de sentido cristiano y humano, la falta de humanidad y transparencia en las relaciones nacionales e internacionales? O al contrario ¿podemos estar contentos al comprobar lo bien que ha ido la libertad de espíritu frente al pensamiento único que por todas partes se nos quiere imponer?

Y una oración: que Dios continúe velando sobre nosotros durante el año que hoy estrenamos. Repitamos la bella bendición sacerdotal: ¡Que el Señor te bendiga y te guarde, / que el Señor te haga brillar su rostro sobre ti. /  El Señor fije su mirada en ti y te dé la paz!

La paz es un don y es un proyecto. Si pedimos a Dios la paz, nos comprometemos también a crear las condiciones que la hacen posible. La paz es fruto de la justicia: supone la correcta relación con Dios, con las personas y con las cosas. Miremos de no repetir los errores del año pasado como la corrupción hasta ahora más o menos disimulada y que lo ha salpicado todo.

Presidiendo el año nuevo y la jornada de la paz vemos a una Mujer, Santa María, Madre de Dios. Una mujer con un niño en los brazos, con los ojos bien abiertos, con los oídos atentos, reflexionando y meditando. Una mujer que se define como la esclava del Señor y a la vez es proclamada la creyente: y por esto es dichosa y feliz y todas las generaciones la proclamamos bienaventurada; atenta a la voz de Dios y dispuesta a colaborar en su plan de salvar al hombre a través del hombre. Ella dejó el camino abierto al Espíritu Santo para que formase a Jesús en ella.

Hoy María y José pusieron al Niño el nombre de Jesús: Dios que salva, y que nos salva haciéndose Emmanuel, Dios con nosotros, uno entre nosotros, entre nosotros cuando nos reunimos en su nombre y cuando lo vemos en el hermano necesitado de alimento o de vestido, de salud o de compañía, de amor o de consuelo. Cuando celebramos la Eucaristía. Nunca estamos solos. Amemos y respetemos siempre esta presencia del Emmanuel, Dios entre nosotros.

Que la mirada maternal de María presentándonos a Jesús, nos acompañe a lo largo de este años que empezamos. Hagamos nuestra su actitud generosa y abierta.

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Espíritu Santo que formaste a Jesús en Maria, forma a Jesús en mí y en todos y cada uno de los cristianos.

¡Feliz Año Nuevo!   

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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