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comentario a las lecturas de la misa
la sagrada familia (C)
Sagrada Familia 2009

Cuando Pablo VI visitó la santa casa de Nazaret, se habría quedado quién sabe el tiempo. No era posible, pero dijo una cosa muy bonita: Nazaret es la escuela del Evangelio. En esta escuela, según él, se aprenden tres asignaturas:

Primera: orden en todo, cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa; las personas, el trabajo y Dios ocupando el pensamiento y el corazón. La disciplina es necesaria para la educación.

Segunda: el silencio, aquel espacio de serenidad y de paz que ayuda a pensar, a escuchar, a decir la palabra justa y oportuna. Y a rezar en familia.

Tercera: el trabajo. Trabajar para vivir, no vivir para trabajar.

En este ambiente de orden, de silencio y de trabajo creció y se formó Jesús: iba creciendo poquito a poco, como todos los niños. En estricta y filial obediencia a los padres y a las personas mayores. Iba a la escuela del pueblo a aprender a leer, aunque no necesariamente a escribir-. Y en casa aprendía a rezar, a relacionarse, a trabajar, a tratar a la gente... Iba a la sinagoga los sábados, como vosotros venís a misa, y una vez al año, por lo menos, los padres subían con el chico a Jerusalén. Y fue en Jerusalén donde Jesús mostró la conciencia que tenía de su vocación personal en el mundo.

A los 12 años los chicos celebraban oficialmente su incorporación al pueblo. Un rabino les hacía unas preguntas y después les cargaban a la espalda el rollo de la Torá o Ley de Moisés. Ya eran capaces de llevar el yugo de la ley como una persona mayor.

Jesús vivió también esta ceremonia. Porque José y María eran muy parecidos a los padres y madres que estáis aquí. Eran buenos y piadosos. Y ¿Jesús? ¿Era un chico obediente, Jesús?... Quizás algunos padres y madres aquí presentes, sentiréis una fuerte sacudida interior al ver cómo Jesús a sus 12 años se queda solo en Jerusalén, sin que los padres lo supieran. Y lo bueno es que, cuando lo encuentran, les reprocha: ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pues no, no lo sabían ni tenían por qué saberlo. María le reprocha con razón lo que ha hecho: «Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos con ansia»...

Jesús les da a entender una cosa: en su vocación personal, depende del Padre. Y los padres deben mirar de conocer, respetar y ayudar a madurar esta vocación personal.

En los largos silencios de la casa de Nazaret María contrasta lo que ve y lo que siente, con las palabras de Simeón: Este niño será causa de polémica... Una espada te atravesará el alma...

¿Cuál era su lugar y el de José en el proyecto de Dios? Y poco a poco aprende a enmarcar su propia misión dentro de la misión de Jesús.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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