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comentario a las lecturas de la misa
domingo ii de navidad

Hoy empezamos con una oración. Cuando nosotros hacemos las plegarias en la Misa pedimos por esto y por lo de más allá... y está muy bien. Los hijos tienen derecho a pedir a sus padres lo que quieran. Los padres ya tienen suficiente amor y sentido común para darles lo que les conviene.

Nos irá bien ver cómo ora y qué pide san Pablo:

1.- Da gracias al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo porque nos ha amado desde siempre cómo ha amado a su Hijo y quiere que también nosotros seamos hijos suyos... Cuando creaba el mundo ya pensaba en nosotros y nos creaba a su imagen y semejanza. ¡Cuán agradecidos hemos de estar! Eucaristía quiere decir acción de gracias. La oración de Pablo pide para que seamos lo que somos: Hijos en el Hijo Jesús.

2.- A Pablo le caía la baba de satisfacción cuando oía decir que sus cristianos tenían una fe tan viva en Jesús que se concretaba en un intenso amor a los hermanos. Me parece que nuestros párrocos hoy disfrutarán viendo vuestra fe y vuestro interés por los demás durante todo el año y especialmente durante todo este tiempo de navidad. Aprendamos a ver las cosas buenas de nuestros familiares, amigos, parroquianos, de nuestros sacerdotes, de los catequistas... de tantas personas que hacen que esta nuestra iglesia esté limpia y acogedora.  

3.- Pablo pasa de la acción de gracias a la petición. Y pide para los creyentes que el Padre por el don de su Espíritu nos haga comprender y nos lo revele de tal modo que nos podamos relacionar con Él amorosamente, fielmente. Que nos demos cuenta de lo que decimos cuando rezamos el Padre nuestro.... Pide también que conozcamos la herencia magnífica que el Padre nos reserva y que compartiremos con todos los creyentes; pero que ya ahora compartimos: la fe, la esperanza, el amor que se expresan en solidaridad, fraternidad y alegría de vivir.

4.- Podríamos pedir también una comprensión más profunda del evangelio que hemos leído estos días: Cómo se las ha arreglado Dios, que está infinitamente por encima de nosotros para convivir con nosotros. En el Antiguo Testamento se hacía presente a través de la Torá = de la Ley de Moisès. Ahora se nos hace presente en Jesús, el Hijo de Dios hecho hijo de Santa Maria y hermano nuestro.

Toda la grandeza y toda la ternura amorosa del Padre se reflejan en la persona de Jesús. Y cuando nosotros nos unimos a Él por la fe y el amor, llegamos a ser también hijos de Dios y reflejamos en el mundo su maravillosa presencia.

También en nosotros se verifica el misterio de la trascendencia -de la lejanía- de Dios y de su inmanencia, de su proximidad, de su presencia. Aquel que ni el cielo ni la tierra pueden contener, se recluye en las entrañas de Maria.

«Ses blanques manetes petites com són, sent tan petites formaren el món»... Y también nosotros, quizás con las manos, pequeñas sí, pero no tan limpias, bien unidos a Jesús también podemos conformar nuestro mundo, de forma que refleje y realice el sueño de Dios: Alabado sea porque nos ha destinados a ser hijos suyos en Jesucristo...

En estos días de año nuevo toda la liturgia nos enseña quién es Jesús y quién somos nosotros. Y cada domingo iremos aprendiendo y nos iremos animando a ser y parecer cada día más lo que somos: hijos de Dios.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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