Con este domingo se cierra el tiempo de Epifanía. Epifanía quiere decir la manifestación de Jesús al mundo. La nochebuena es la epifanía de Jesús al pueblo de Israel, representado en los pastores, los pobres de este mundo. El día de Reyes es la manifestación de Jesús a todos los pueblos no judíos, visualizados en los personajes de Oriente. Esta segunda manifestación es el centro de las celebraciones navideñas de los cristianos orientales.
Hoy el ciclo de las manifestaciones se cierra con el bautismo de Jesús. Juan predicaba y bautizaba y lo hacía con tanta autoridad que la gente lo tenía por el Mesías esperado. Pero Juan pone las cosas en su punto. No. El Mesías está a punto de entrar en escena y es más poderoso que él, porque bautizará no con agua sino con el fuego creador y purificador del Espíritu Santo. Por esto él se sentiría muy honorado si podía prestarle el servicio de desabrocharle la correa de las sandalias.
Pasaron días y Jesús se presentó en medio del gentío y se hizo bautizar, se hizo sumergir en el Jordán, mientras oraba intensamente. En este momento se produce una teofanía, una manifestación de Dios como Padre y Espíritu Santo proclamando quién es Jesús de Nazaret… Eres mi Hijo, el amado, estoy muy orgulloso de ti.
Esta proclamación no solamente dice quién es Jesús sino cómo desarrollará su actividad.
Eres mi Hijo: la voz del Padre aplica a Jesús las palabras del Sl 2,7, un salmo de entronización real: eres mi hijo, hoy te he engendrado...
Muy amado: como Isaac el hijo único y tan querido de Abraham. Es el eco de Gn 22, 2. Será un hijo obediente y liberado de la muerte.
Estoy muy orgulloso de ti: Son las palabras con que Is 42, 1 presenta el Siervo de Jahvè: «He aquí mi siervo, muy amado, en quien me he complacido. He puesto en él mi Espíritu para que imponga el derecho a las naciones. No actuará con violencia sino con un amor exquisito: sin gritar ni levantar la voz. No romperá la caña cascada, no apagará la llama que humea»…
Ya veis qué cosas más hermosas dice el Padre a Jesús, sobre quien se posa el Espíritu Santo, que lo unge y le habilita para esta misión.
Hoy podríamos recordar nuestro bautismo. También aquel día el Padre pronunció sobre cada uno de nosotros: tú eres mi hijo, muy amado. Y derramó sobre nosotros su Espíritu que nos ungió como sacerdotes, profetas y reyes, nos hizo otros Cristos o ungidos. Nos marcó con la imagen de Cristo. Ahora que quieren sacar los crucifijos de los lugares públicos, no les servirá de nada si cada cristiano toma conciencia que él es un cristo, un sacramento, un signo vivo de su presencia. Dónde pasamos nosotros, pasa Cristo, haciendo el bien. ¡Qué espléndida manifestación! ¡Qué maravillosa epifanía! |