ElAño nuevo se abre con una imagen serena y tierna la Theotókos = la que ha engendrado a Dios, la Madre de Dios... ¡Qué maravilla! Ella, la que conservaba todos los recuerdos de la infancia y de la vida de Jesús y los meditaba. Nuestro Evangelio de cada día, ha pasado una y otra vez por el corazón de la Madre.
Al empezar el año, nos muestra a Jesús que la abraza y en ella nos abraza a todos. Jesús, sí, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, como dice San Pablo. Bajo la Ley: Precisamente hoy celebramos que el Hijo de María fue circuncidado y por lo mismo sometido a la Ley de Moisés e incorporado al pueblo de Israel.
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Y en este día recibió el nombre Jesús = Dios que nos salva. Y que nos salva no desde fuera, sino haciéndose Emmanuel = Dios con nosotros. Y esto para rescatarnos del yugo de la Ley y darnos la condición de hijos. ¿Sabéis cuál es la prueba? Cuando rezamos el Padre nuestro.... lo hacemos a impulso del Espíritu Santo que habita en nuestro corazón y nos impele a decir: ¡Abbá, Padre! Por lo mismo ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo, eres también heredero, por un don gratuito de Dios.
Empecemos este año dejándonos impregnar de este espíritu filial para con Dios y fraterno hacia los demás. Tomemos conciencia de ello siempre que digamos el Padre nuestro...
Este deseo de hijos y de hermanos, va acompañado de una bendición preciosa:
«Que el Señor te bendiga y te proteja;
que el Señor te mire con agrado y te muestre su bondad;
que el Señor te mire con amor y te conceda la paz».
Que el Señor -¡invocado tres veces!- os sonría todos los días de este año que empezamos y os dé la paz: la prosperidad, la felicidad, la salud, el pan y la sal de cada día, una fraternidad bien vivida.
Que el Señor nos dé la paz tan deseada y tan lejana a la vez. El Papa, en el mensaje de año nuevo, recuerda el Oriente Medio -la tragedia de Israel y de Gaza estos mismos días-, Iraq, Sri Lanka, el Darfur y un poco o un mucho en toda el África. Deseamos para todas aquellas gentes víctimas de la guerra, que cesen los conflictos fratricidas, que cicatricen las heridas abiertas en la carne de aquellos países, que se consoliden lo procesos de reconciliación, de democracia y de desarrollo. Que el Señor les mire con amor y les de la paz.
¡Feliz Año Nuevo!
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