Luz, alegría, libertad... Todo en manos de un recién nacido. Este es el misterio de esta noche. Nos ha nacido un niño: Consejero admirable, Dios-héroe, Padre eterno, Príncipe de la paz... Un niño que es el Salvador, Mesías y Señor... Imposible decir mayores grandezas de nadie...
¿Mesías y Señor? ¡Qué bueno! ¿Y cómo lo reconoceremos? Ésta es la señal: ¡Un bebé en un establo! ¡Qué cosa más rara! Uno comprende las mil razones del rabadán –y de tantos otros- para no moverse de su yacija de paja para no hacer el ridículo compro bando aquella cosa imposible.... Mesías y Señor... envuelto en pañales... en un establo...
Este es el misterio de Navidad. Por esto los ángeles y los pastores pueden cantar y nosotros con ellos:
GLORIA A DIOS EN EL CIELO
EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES
QUE EL SEÑOR AMA, EN QUIENES ÉL SE COMPLACE
Miremos las figuras del pesebre: hemos de hacernos pequeños para poder entrar en la cueva: si quieres alcanzar la estrella no vayas vociferando. Humedece tus párpados con tres lágrimas de niño: agáchate como cuando eres niño.
Vemos a María, la madre, atenta y absorta ante la vida que ha florecido a medianoche. Tan atenta a todo lo que ocurre. No pierde detalle. No entiende mucho. Contempla y ama. Lo medita en su corazón. Es con el corazón como vemos claro.
Vemos a José: se ha desvivido para hacer más llevadera aquella negra soledad. Nos lo imaginamos encendiendo allí una pequeña hoguera: que no falte el calor al Niño y a la Madre.
Vemos a los pastores andando curiosos para comprobar las maravillas que los ángeles cantaban... Son sencillos, se sienten tan amados de Dios que les parece normal que hayan sido ellos los primeros en recibir la gran noticia.
Y el buey y la mula... No saben hablar. ¿Sabéis qué nos dicen con sus ojos grandes, sin parpadear? Lo que dijo de ellos el profeta Isaías: El buey conoce a su dueño y el asno el establo de su amo; pero Israel, mi propio pueblo, no conoce ni tiene entendimiento.
Demos gracias a Dios porque hemos sabido conocer al Amo y al Señor envuelto en pañales, durmiendo en un establo... Y por esto estamos aquí. Y escuchamos atentamente lo que san Pablo nos ha dicho: Dios nos ha mostrado su bondad y nos enseña a llevar en este mundo con sobriedad, rectitud y piedad.
Mostremos así que somos su pueblo, un pueblo apasionado por obrar el bien. Es una buena manera de vivir y de gozar de la paz que los ángeles anuncian a los hombres de buena voluntad.
FELIZ NAVIDAD para todos y cada uno de vosotros, los que habéis acudido a esta celebración, y a todos los que nos aman y que amamos. |