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comentario a las lecturas de la misa
domingo ii de navidad
Elogio de la Palabra

El canto de entrada de hoy –el introito- nos invita al silencio, un silencio contemplativo: A la medianoche, cuando la paz y el silencio todo lo envolvían, tu palabra omnipotente, cual guerrero invencible salió del cielo, para salvar a Israel de la esclavitud de Egipto... y para rasgar la oscuridad de la Nochebuena hecha un bebé en los brazos de María... Oh! la fuerza paradójica de un niño... ¿Habéis leído la noticia del bebé que con su llanto salvó a sus padres de un incendio?

Detengámonos en este silencio primordial que precede a la acción de la Palabra. En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra se dirigía a Dios.

Contemplemos al Padre y al Hijo en diálogo amoroso, reposado y fecundo. Cuando llega el momento, el Padre pronuncia una Palabra: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza... Y vio Dios todo lo que había hecho y vio que era muy bueno. Y luego añade: Hijo, enseña a los hombres a ser hombres haciéndote uno de ellos...

San Pablo aborda este misterio de amor de la única manera que se puede hacer: con la oración y la alabanza. Alabemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque desde toda la eternidad se ha complacido en nosotros y nos ha dicho lo que diría en el tiempo a su Hijo Jesús en el bautismo y en la transfiguración: Eres mi hijo, el amado. Estoy muy satisfecho de ti.

Sintámonos abrazados, acariciados, caldeados por este amor. Un amor que quiere recapitularlo todo –cielo y tierra- en Cristo: lo que el pecado había hecho trizas, lo rehace en Cristo.

San Pablo no se cansaba de dar gracias a Dios por ello. Y tras la alabanza y la acción de gracias, prorrumpe en una plegaria:

* Danos tu Espíritu, para que te podamos conocer y amar.

* Ilumina nuestra mirada interior para que comprendamos y amemos los bienes que nos has prometido y que esperamos porque los vemos realizados en Cristo resucitado.

* Padre, haznos sentir la dignidad que supone ser hijos tuyos en el Hijo. Que sepamos responder a tu proyecto de amor como correspondió el Hijo.

* Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él. Es decir, que ninguno de nosotros ha nacido porque sí o por un error de la naturaleza... No, no, desde que Dios es Dios, ha pensado en nosotros tal como se conoce en el Hijo y se ama en el Espíritu Santo. Somos piezas únicas: nadie ha sido fabricado en serie... Somos muy importantes para Dios.

* * * * *

La Palabra se nos presenta de dos maneras en las lecturas de hoy: en el Antiguo Testamento, es la Sabiduría personifica, que recibe una orden del Señor: Acampa entre los hijos de Jacob, haz de Israel tu heredad.

En el Nuevo Testamento, la Palabra, se hace «carne», se «encarna» y planta su tienda entre la humanidad que peregrina en la tierra. Es Palabra y Palabra iluminadora, fuerza y luz, capaz de iluminar y de dar a los hombres la capacidad de llegar a ser hijos de Dios. De ella da testimonio fehaciente Juan Bautista, que no era la luz, sino un valiosísimo testigo de la verdadera Luz.

Y ampliando el concepto, vemos que la Palabra se hace pan y vino de Eucaristía. Al comulgar, nos la apropiamos y desde nosotros irradia en el mundo en forma de ternura y de fidelidad.

P. Jaume Sidera, cmf
 
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