Antes el tiempo de Epifanía o manifestación del Señor comprendía tres momentos:
* su manifestación a todos los pueblos, con los Magos como protagonistas,
* la presentación que el Padre hace de su Hijo al mundo –Bautismo de de Jesús-
* y la celebración de las Bodas del Hijo con la Iglesia: las bodas de Caná con intervención tan discreta de María, la Madre de Jesús.
Hay una antífona muy linda que sintetiza de maravilla los tres motivos: «Hoy la Iglesia se une a su Esposo celestial, porque Cristo la ha lavado de sus pecados en el Jordán; los Magos acuden presurosos a las bodas reales con sus regalos; y los invitados disfrutan con el agua convertida en vino.»
Hoy celebramos el bautismo de Jesús. Jesús sube de Nazaret a Belén atraído por la predicación del Bautista que prepara los caminos del Señor y se pone en la fila de los pecadores, de todos los que están dispuestos a cruzar el Jordán para empezar nueva vida en la otra orilla.
En este acto de humilde obediencia de Jesús, respetuoso con la gente y con Juan, el Padre manifiesta al mundo quién es Jesús. Mientras sube del agua, el cielo se rasga -se abre para dar paso libre al Espíritu- , y el Espíritu, que llevaba siglos sin hablar por boca de ningún profeta, se posa sobre él como lo haría una paloma. Y resuena la Voz del Cielo: la voz del Padre.
«Tú eres mi Hijo», tomando las palabras salmo 2,7
«el amad»o, único como lo era Isaac para Abrahán, Gn 22,2
« Estoy satisfecho de ti»: como el Siervo de quien habla Isaías 42,1. |
En pocas palabras la intervención del Padre resume toda la Biblia, aplicando a su Hijo lo que de él decían la Ley, los Profetas y los Escritos.
Leyendo el trasfondo bíblico de estas palabras, nos hacemos una idea muy precisa de Jesús, su epifanía. Es el Hijo con una misión bien concreta: llevar la comprensión entre los pueblos no por la vía de la fuerza sino de profundo respeto a cada persona: salva la caña cascada, mantiene el pabilo a punto de apagarse. Abre los ojos de los ciegos, rompe las cadenas de los cautivos.
Cuando san Pedro catequice al Centurión Cornelio, hará un precioso resumen de la vida y actividad de Jesús: parte del Bautismo de Jesús hasta la cruz y la resurrección. Y entre ambos polos se desarrolla la vida de Jesús: Ungido –Cristo- por el Espíritu Santo y lleno de su fuerza salvadora, pasó haciendo el bien y curando a todos los que gemían bajo el dominio del diablo, porque Dios estaba con Él.
Será bueno pensar que nosotros, en nuestro bautismo fuimos ungidos con el santo crisma, el óleo santo, el mismo con que antiguamente eran ungidos los reyes, los sacerdotes y los profetas. También sobre nosotros el Padre pronunció sus palabras: Tú eres hijo mío, muy amado, me gustas. El cristiano más humilde tiene la dignidad real, sacerdotal y profética, capaz de actualizar la presencia de Jesús que ahora continúa pasando en nosotros haciendo el bien. |