Me hace gracia leer que hasta ahora las mujeres no han escrito la historia. No sé si la han escrito, pero que la han hecho… ¡Vaya que la han hecho! Todos los que estamos aquí, ¿qué seríamos sin una mujer que aceptó de ser nuestra madre? O esposa, o abuela o...
Lo confirma un repaso a la Biblia evocando las matriarcas de Israel. Llenaríamos muchas páginas con ellas. Es importante ser presidenta de un Parlamento o de un Estado o de una gran empresa, o Consejera de no sé qué. Es importante porque pueden influir mucho en bien. Pero resulta que el episodio más importante de la historia de la humanidad, -que es el momento de la encarnación del Hijo de Dios, Dios lo deja en manos de una chica de pueblo, sin más título que el de ser mujer, libre y responsable. ¿Aceptas ser Madre del Hijo de Dios hecho hombre? ¿Sí o no? Fiat! Hágase...
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Y María dice sí. Por esto comenzamos el año nuevo con la figura de María, Madre de Dios. Y lo bueno es que lo que hace grande a María, está al alcance de cada cristiano. Quien escucha la Palabra de Dios y la cumple, “me es hermano, hermana y madre”, dice Jesús. Averiguar lo que Dios quiere de mí, qué quiere de mi familia, de mi pueblo, de mi nación y qué puedo hacer yo y responder conforme al proyecto de Dios, puede ser un buen programa para el año nuevo. Una cosa podemos pensar: Si cada uno de nosotros deja libertad al Espíritu Santo para actuar en nosotros, como actuó en María, el Espíritu Santo formará a Jesús en nosotros cómo lo formó en María.
Con este espíritu empezamos el año nuevo. Y lo hacemos con una preciosa bendición, que podemos repetir:
“Que el Señor te bendiga y te proteja; que el Señor te mire con agrado y te muestre su bondad; que el Señor te mire con amory te conceda la paz.”
Es también el día de la paz. Si realmente la queremos, tenemos que poner los medios que tenemos al alcance para lograrla, una paz tan necesaria, tan deseada y tan amenazada. La paz que es un don de Dios y a la vez una tarea, un proyecto a realizar, nunca logrado del todo. No es simplemente ausencia de guerra ni tampoco el fruto de un equilibrio militar o económico, ni la paz del cementerio. No. Es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y de cada pueblo, proceso en que es plenamente respetada la dignidad humana. Benedicto XVI nos invita: Invito a todos quienes quieran ser constructores de la paz, los jóvenes especialmente, a escuchar la voz interior para encontrar en Dios la referencia segura para la conquista de una auténtica libertad, la fuerza inagotable para orientar el mundo con un espíritu nuevo, capaz de no repetir los errores del pasado. Que todos los hombres y las sociedades, en todos los ámbitos y ángulos de la tierra, puedan experimentar pronto la libertad religiosa, camino para la paz.
Es un año nuevo, que se presenta con el azote de una crisis severa, en parte procurada por el egoísmo de unos pocos que se esconden detrás del mercado, crisis que azota, pero que nos puede curar de los vicios que hemos contraído de alargar más el brazo que la manga, de querer vivir más allá de las posibilidades, de querer lograr unos objetivos sin esfuerzo y sin responsabilidad. Si sacamos de la crisis una vida personal y familiarmente más austera y a la vez más solidaria con quienes lo pasan mal, habremos sabido sacar un bien de lo que ciertamente es un mal.
Jesús hoy fue introducido por la circuncisión en el pueblo de Israel y en la sociedad humana. Jesús que es salvador para liberarnos del pecado, de aquello que nos despersonaliza y nos deshumaniza. Que Él nos salve y sea hoy y cada día del año que comenzamos Emmanuel, Dios con nosotros.
¡Feliz Año Nuevo!
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