El fariseo sabe tres cosas: 1ª que él es justo y buena persona que hace esto y aquello que «los otros» no hacen ... y no hace lo que «los otros» hacen. 2ª, Le gusta que la gente lo sepa y no tiene ninguna vergüenza de hacerlo saber. 3ª, Y por esto, se cree superior a los otros hombres que son ladrones, injustos, adúlteros. Suerte tiene Dios y el mundo de las personas como él.
El otro -el cobrador de impuestos- reconoce simplemente que hace lo que los otros hacen y se da golpes en el pecho pidiendo perdón: «Oh, Dios, sé bueno conmigo, que soy un pecador». Tiene conciencia de lo que es y de lo que hace; siente vergüenza de ello: casi no se atreve a levantar los ojos al cielo.
El santo fariseo está tan lleno de sí mismo que Dios ya no tiene cabida en él. En cambio, el pobre, el «otro», con su sinceridad y humildad ha abierto de par en par la puerta del corazón a Dios para que entre como un amigo en casa del amigo. El fariseo se vuelve a casa tan satisfecho. Pero el que vuelve justificado y hecho amigo de Dios es el publicano.
Hoy es el Domund... Nosotros oramos, nos interesamos, damos dinero y apoyo en favor de los que no conocen a Jesús ni el camino de la salvación, que nosotros conocemos. ¡Sin embargo, alerta! La fe es un don, es un regalo de Dios. No nos hace superiores a nadie. Pensemos que «los otros» por quienes oramos y hacemos cosas, nos piden una cosa: QUEREMOS VER A JESÚS. ¿Qué Jesús les mostramos nosotros? Decía Gandhi que admiraba la fe de los cristianos, pero se escandalizaba de la poca coherencia con el evangelio en que dicen creer.
Este domingo nos invita a agradecer el don de la fe y a ser coherentes con el evangelio que queremos hacer llegar a los otros.
Recordamos hoy la figura de san Antonio Mª Claret, hombre de un ardiente deseo de proclamar el evangelio por todo el mundo. Él unía evangelio y vida. Él mismo dice que, durante los últimos años de su vida, era un sagrario viviente. Quién lo veía se preguntaba: ¿qué tiene este santo varón que nosotros no tenemos? Mirándolo, creían ver a Jesús en él.
Este día de la propagación de la fe es una invitación a conocer, a profundizar, a vivir y a proclamar nuestra fe. Si algún día se nos acerca alguien diciendo: Quiero ver a Jesús, ¿qué le diremos: Ven y verás qué somos los cristianos? , o mira Jesús es... y enseña... ¿pero no nos mires a nosotros?
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Hagamos nuestra la oración del P. Claret:
¡Oh Dios mío y Padre mío! Haz que te conozca y te haga
conocer; que te ame y te haga amar; que te sirva y te haga
servir; que te alabe y te haga alabar de todas las criaturas.
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