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comentario a las lecturas de la misa
domingo XXIv del tiempo ordinario (c)

Parábola del Padre pródigo

Hoy podemos hacer una homilía bien corta: lo mejor sería repetir la lectura y dejarnos empapar de toda la grandeza y ternura del corazón de Dios. Y como Jesús estaba identificado con el Corazón de Dios, se sentaba a la mesa con los pecadores y publicanos y les manifestaba una confianza que escandalizaba a la gente santa de su tiempo. 

Acostumbramos a hablar de esta parábola como la del hijo pródigo. En realidad es la del Padre pródigo, que ama porque ama. No nos ama porque seamos sabios o ignorantes, pequeños o mayores, buenos o malos, practicantes o no practicantes... sino porque somos hijos. Cuando nos demos cuenta de eso, empezaremos a ser cristianos. 

Escuchad lo que dicen un par de salmos: 

Sl 103: Lanza nuestras culpas lejos de nosotros como el oriente está lejos del occidente. / Como un padre se apiada de sus hijos, el Señor se apiada de los fieles, porque sabe de qué barro nos formó y se acuerda de que somos polvo.

Sl 145: El Señor es compasivo y benigno, lento para el castigo, grande en el amor. El Señor es bueno con todos, ama entrañablemente todo lo que él ha creado. 

Y quiere que tengamos hacia los otros su mismo corazón. ¡El chico mayor nunca había roto un plato...! ¡Tan buen chico! Pero nunca había experimentado la ternura de su padre: todo lo que es mío es tuyo... I el pobre anhelaba tener un mal cabrito para hacer una francachela con los amigos... 

El chico pequeño era uno egoísta compulsivo. Se quiere divertir como sea. Carpe decimos, que la vida es corta. Cuando se encuentra sin nada, descubre su riqueza interior y la grandeza de corazón del padre. 

San Pablo se dio cuenta de todo eso y lo proclamó: Eso que ahora te diré es cierto, y del todo digno de crédito: que Jesucristo vino al mundo a salvar a los pecadores, y entre los pecadores yo soy el primero. Pero Dios se apiadó para que Jesucristo pudiera demostrar primeramente en mí toda la grandeza de su paciencia, haciendo de mí un ejemplo de los que se convertirán a la fe y tendrán así la vida eterna. 

Hermanos y hermanas: Id en paz hoy más que nunca. El Padre del cielo nos ama y nos perdona. Amémoslo y aprendamos a perdonar.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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