Isaías pinta con vivos colores el proyecto salvador de Dios que abarca a todo el mundo, israelitas y no israelitas. Hasta los paganos podrán ser sacerdotes en el Templo del Señor.
Frente a este proyecto tan generoso, está la mezquindad del que pregunta si son muchos los que se salvan, los que entran de pleno en el proyecto de Dios. Naturalmente, el que pregunta está convencido que él entra en esos poquitos que se salvan.
Y he aquí que Jesús hace una seria advertencia: Entrad por la puerta estrecha porque muchos querrán entrar y no podrán.
Ante todo, desechad la falsa seguridad. Señor, ¡ábrenos! Comíamos en tu mesa, enseñabas en nuestras calles.... ¡No os conozco!
Segundo: poned toda la energía en realizar lo que Dios espera de vosotros.
Tercero: serán muchísimos los que participarán del banquete del reino, y precisamente estos muchísimos justamente proceden de lugares y pueblos que vosotros pensáis que viven al margen de Dios. Muchos que ahora colocamos a la cola del reino de Dios pasarán delante de los que se creen con todo el derecho de entrar él y de sentarse a su mesa.
La advertencia es seria: «Hijo mío, no desestimes la corrección que viene del Señor, el Señor corrige a los que ama». Y en esto demuestra Dios que os trata como a hijos.
Hoy es moda hablar de valores: verdad, justicia, solidaridad, libertad, amor... Muy bien. Pero al mismo tiempo detectamos -¡en los otros! ¿y en nosotros, no?- mentira, injusticia, pobreza y miseria, corrupción a todos los niveles y estamentos...
¿Pues qué pasa? Pues que hablamos de valores sin recordar que todo valor supone esfuerzo y responsabilidad, largo entreno y ejercicio. Hablamos de valores y poco de virtudes: en hábitos de verdad, de justicia, de delicadeza, de atención y urbanidad hacia los otros... En una palabra: Hay que enfrentarse con la propia vida, enfrentarse con uno mismo: ¿quién soy yo? ¿Qué quiero ser? ¿Estoy dispuesto a poner todos los medios para alcanzarlo?
No vale decir: Yo soy cristiano... O peor aún: Yo creo pero no practico. Yo soy estudiante pero pretendo pasar curso sin estudiar. Amo a la mujer y a los hijos, pero no domino mi impaciencia y mi mal genio. Los demonios también creen en Dios y de qué les sirve... Hay que mostrar la fe que uno tiene actuando en consecuencia.
Jesús quiere que seamos felices y que sembremos felicidad. Él mismo se nos muestra como modelo de hombre libre, solidario, atento a todo el mundo. Se posee plenamente, tiene perfectamente controlados sus sentimientos y actuaciones. No sólo propone y habla de grandes valores, sino que además, los ha encarnado en su vida. |