Los mandamientos de la Ley de Dios no son muchos. Son poquitos: diez. Y todavía se reducen a dos. Por eso decía el Deuteronomio: «Son palabras que tienes muy cerca de ti para poder cumplirlas: las tienes en los labios, las tienes en el corazón.» Pocas palabras y dentro del corazón.
Cuando la ley y los mandamientos están fuera, nos aplastan. Cuando van de dentro afuera, son fáciles de recordar y agradables de cumplir.
Aquel buen samaritano que bajaba con su asno hacia Jericó seguro que no era hombre de leyes. Los hombres de leyes, el sacerdote y el levita, se las sabían de memoria: 613 preceptos!!! Ni más ni menos!!! 613!!! Y mientras discurrían cuál de ellos habían de aplicar ante aquel pobre hombre maltratado por los bandidos, se les muere el malherido. Pasaron de largo, porque un precepto muy santo los impedía hacer algo en aquel caso concreto.
El samaritano tenía un buen corazón. La bondad le salía de dentro. Y sin tantos preceptos, salva al hombre; ¡un hombre que era judío, y pues enemigo!
Ya veis si es fácil ser cristiano ... Quizás demasiado fácil y aún así miramos de complicarlo tanto como podemos ... Para salvarnos somos capaces de hacer el camino de Santiago de Galicia a pie ... sin darnos cuenta de que junto al camino, hay un peregrino a oscuras que se le ha clavado una espina en el pie y no puede continuar su ruta. ¡Qué lección más bonita nos dan los niños y niñas de Lleida con los fanalets!
No preguntes cuál es el prójimo a quien tengo que ayudar. Pregúntate qué tienes que hacer como cristiano con el prójimo necesitado ...
Hace unos años -no muchos- pasó en Lleida un caso muy triste: un hombre se pasó uno o dos días agonizando en la calle. Todo el mundo que pasaba, se lo miraba y pasaba de largo. Entre tanto cristianos y ONGs y filántropos de derechas y de izquierdas y del medio, discutían si toca a éste, si toca al otro, si a la Concejalía o si ... Hasta que el mendigo se murió. Le faltó un buen samaritano, forastero, hereje y mal visto que asumiera la responsabilidad de socorrerlo.
Jesús proclama dos mandamientos: «Ama al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, con todo tu pensamiento, y ama al prójimo como a ti mismo».
Que todos los cristianos de todo el mundo que hoy participamos de la mesa del Señor, asimilemos estos mandamientos y hagamos el papel del buen samaritano.
Hazlo así y vivirás. |