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comentario a las lecturas de la misa
domingo vi del tiempo ordinario (c)

Mientras llega la plenitud del Reino,
Jesús nos invita a hacer como Él

Hoy las lecturas van de felicitaciones y de amenazas. Jeremías carga fuerte contra el hombre que se fía del hombre mientras se aleja de Dios. Su vida será estéril como los manzanos de Sodoma: de buena apariencia y de ningún provecho. En cambio quien pone la confianza en el Señor es como un árbol arraigado junto al agua: está seguro y siempre da fruto. Y es que el hombre tiene ante sí el camino de la vida y de la muerte, el de la felicidad y de la desdicha. Según la elección que haga será su vida. Como el árbol arraigado junto al agua, aguantará la sequedad del verano y dará siempre una sombra protectora.

Jesús continúa la misma línea de Jeremías. Según san Lucas, Jesús ha subido a la montaña y pasa la noche orando. Después elige de entre los discípulos a los doce apóstoles. Baja de la montaña y ya en el llano, se pone al nivel de la gente que le espera: hay enfermos y endemoniados y Jesús los cura a todos. La gente se afana por tocarlo, porque tocarlo y quedar sano es la misma cosa.

Luego levanta los ojos hacia los discípulos y proclama a los cuatro vientos cuatro bienaventuranzas y cuatro malaventuranzas. Proclama felices a los pobres y quienes pasan hambre y lloran y se ven marginados por causa de Jesús. Son felices por una razón: «Vuestro es el reino de Dios. Dios está de vuestra parte para liberaros y saciar vuestra hambre y enjugar vuestras lágrimas.» (Ap 7, 16-17)

Mientras llega esta plenitud, Jesús nos invita a hacer como Él: ayudar, compartir, curar, liberar. Estas acciones concretas de ahora y aquí son signos de que llega el reinado de Dios, de que Dios se hace presente a través de nosotros.

Yo me imagino que, mientras Jesús decía esto, oía los murmullos y la sonrisa burlona de quienes se creían ricos y satisfechos y hartos y por esto eran envidiados de todo el mundo. Jesús parece contradecir lo que tan a menudo leemos en el Antiguo Testamento: Quien tiene salud y riqueza y bienestar es bendito de Dios. El pobre y el enfermo y el ninguneado son dejados de la mano de Dios por algún pecado que han cometido. Jesús cambia esta percepción y empieza curando enfermos y rehaciendo las personalidades desestructuradas como signo de que Dios está de parte los más necesitados.

Por esto clama: Ay de vosotros los ricos y los satisfechos y los que ahora reís y recibís los aplausos de todo el mundo... porque sois lo que sois y hacéis lo que hacéis a base de oprimir o explotar o ignorar a los pobres y a los marginados, a los que gimen y lloran. Parecéis árboles llenos de vida, pero estáis carcomidos, sin raíces, pura apariencia y superficialidad.

La palabra de Jesús es una seria advertencia a la gente de su tiempo y la de ahora, a los que creen que cuando ellos se levantan satisfechos de la mesa, todos han comido y están contentos. Egoístas como el rico Epulón, comen y beben y ríen sin tener en cuenta al pobre Lázaro que yace en la puerta deseoso de comer unas migajas que nadie le da.

Estos días vemos y sufrimos los terribles golpes que nos ha procurado la pandilla de especuladores egoístas y frívolos que con sus burbujas han creado un mundo falso de felicidad y progreso: en un instante han deshinchado las burbujas y han hundido en la miseria a los millones de personas que se fiaban de ellos. «Desgraciado el hombre que pone la confianza en el hombre y deja a Dios de lado», decía Jeremías! Cuántos llantos y cuántas lágrimas y cuánta desesperación han producido.

Jesús nos invita a arraigar bien nuestra vida en el torrente de vida del Evangelio, que debe ser buena nueva por todo el mundo. Los ricos dejarán de ser desgraciados si ponen lo que saben, lo que tienen y lo que pueden a favor de quienes ni saben ni tienen ni pueden: harán como Jesús y harán sentir el amor del Padre Dios hacia los más pobres. Y los pobres se sentirán felices porque gracias a la generosa solidaridad de unos y otros pueden salir de su situación de miseria, de lágrimas y de sufrimiento.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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