Jesús empieza su misión en Galilea proclamando: «Llegó la hora. El Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en la buena nueva». Dios se dispone a reinar, a intervenir en nuestro mundo. Pero como las palabras «Reino de Dios» pueden resultar ambiguas, Jesús empieza despejando toda ambigüedad para que nadie se llame a engaño. Exige conversión, es decir, cambio de mentalidad y de expectativas para ponernos en sintonía con Dios, porque los pensamientos y los caminos del Señor no son como los nuestros. Hay que acoger la buena nueva no como la quisiéramos nosotros, sino como nos la presenta Dios. Y ¿cómo la presenta? Nos lo insinúa el evangelio de hoy.
1. Jesús empieza su misión en Galilea, el país con fama de «secularizado», que diríamos hoy. Viviendo en medio de paganos, se habían paganizado bastante. Los galileos vivían lejos del Templo y de sus instituciones. De hecho el profeta Isaías hablaba de la Galilea de los paganos. Pero añadía: el pueblo que vivía en las tinieblas ha visto una gran luz.
Con su proclamación, Jesús manifiesta su preferencia por las ovejas extraviadas de Israel, por los pobres, los marginados, los pecadores, los publicanos, las mujeres de mala vida, los leprosos, los niños... Pero esto provocó más de un escándalo. Un profeta así sólo podía venir de Galilea, de donde nunca había habido ninguno... Con todo, la historia de Jonás les podía haber vacunado contra esta mentalidad. Dios perdonó a los ninivitas del mismo modo que había perdonado siempre los errores, las apostasías, las injusticias y los pecados de los hijos de Israel. No hace ninguna distinción. Es Padre de todos. Por esto el mensaje de Jesús se dirige a todos... empezando por los más necesitados. Hay que convertirse para aceptar esta manera de actuar de Jesús.
2.- Fijaos qué colaboradores escoge: no a los sabios y santos de Jerusalén, sino a pescadores sin gran cultura, pero trabajadores y honrados, y sobre todo muy generosos. Jesús los llama a continuar su oficio pero a otro nivel: pescadores de hombres... Con una condición: Seguidme... Caminad conmigo.
Pedro y Andrés, Santiago y Juan lo dejan todo y se van con Jesús. Más que dejarlo todo, ponen todo lo que son y lo que tienen al servicio del Reino. Desde ahora la barca y la casa de Pedro serán la barca y la casa de Jesús... Y Jesús podrá contar con ellos para cualquier misión que les confíe. De momento, la convivencia con Jesús será su escuela de formación. Pasarán días, meses y años... Los cuatro se mantuvieron fieles a la primera llamada. De su fe y de su respuesta vivimos todavía nosotros. Y nos marcan el camino.
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San Pablo nos exhorta a mantener una distancia libre y liberadora ante las personas, las cosas, las situaciones: conviene marcar una distancia ante todo aquello que tarde o temprano tendremos que dejar o nos lo quitarán o lo perderemos. Nos conviene convertir desde ahora en ofrenda generosa lo que deberemos dejar a la fuerza. Para seguir a Jesús hay que ser personas libres, no atadas a los cordones umbilicales que nos condicionan. Así podremos amar de veras, sin trabas y sin miedos. |