Este domingo centra nuestra atención en un fenómeno muy importante para la vida del cristiano: la vocación. La vocación como llamada personal que Dios nos hace.
Presenta varios aspectos:
* La vocación de Samuel. Samuel es un niño que Ana, su madre, consagró al Señor. Vive a las órdenes del sacerdote Elí, a la sombra del santuario de Siló, donde se venera el Arca de la Alianza. Elí es un señor muy mayor, todo bondad, casi demasiado bueno. Y demasiado condescendiente con sus hijos algo mimados. En este ambiente, Samuel oye la llamada de Dios, que él confunde con la voz de Elí. Pero Elí tiene bastante sentido de Dios y bastante buen juicio para dar el mejor consejo a Samuel, que todavía no conocía la voz del Señor. Y le da el mejor consejo: Respóndele: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Y recibe un encargo muy difícil: Corregir la excesiva bondad de Elí para con sus hijos...
* Otro aspecto de la vocación o llamada de Dios: hay personas tan activas que, el día que ya no pueden hacer nada, se creen inútiles. Pero precisamente en esta aparente inacción descubren su verdadero campo de «acción»: Dios no quiere cosas, no quiere oblaciones ni sacrificios ni siquiera holocaustos... No. Dios no quiere cosas, quiere mi corazón, tu corazón. El Salmista lo expresó tan bien que Jesús, al entrar en este mundo se apropió de sus palabras: Aquí estoy para hacer tu voluntad. Y por haber cumplido esta voluntad de Dios, Jesucristo nos ha purificado de nuestros pecados, ofreciéndose Él personalmente de una vez por todas. Releed el salmo de hoy i el capítulo 10 de la carta a los Hebreos.
Santa Teresita comprendió que podía ser corazón en la Iglesia no haciendo sino amando. Amando animaba la acción de los que hacían cosas por Dios y por los demás.
Es esta ofrenda personal la que da sentido y valor a todo lo que hacemos, ofrecemos o sufrimos... Después de todo, nuestro cuerpo, toda nuestra persona es Santuario del Espíritu Santo... Somos presencia de Dios. Toda nuestra vida puede convertirse en culto espiritual...
* Hay un tercer aspecto. La vocación personal puede presentar la forma de un intenso deseo de búsqueda. Hay personas, abiertas e inquietas, que no están satisfechas donde están o con lo que hacen, y buscan el sentido de su vida. Como Andrés y su amigo. Un día oyen a Juan Bautista señalando a Jesús. Y se ponen en camino tras él, impulsados por una fuerza interior.
¿Qué buscáis? Y continúan el camino con él y con él se quedan todo aquel día. Eran las cuatro de la tarde más o menos.... ¡Qué día tan intenso aquel! El trato con Jesús les ha cambiado la vida. No sabemos de qué hablaron, qué proyectos compartieron... Pero entendieron una cosa: Valía la pena arriesgar toda la vida por Alguien que la poseía en plenitud. Andrés quedó tan contento que le dijo a su hermano Simón: ¡EUREKA! ¡Lo encontré! Es el Mesías. Simón se acercó a Jesús y sintió su mirada sobre él. Inquieto e inestable, recibió por dentro la fuerza de la roca. De ahora en adelante te llamarás Cefas, Piedra o Pedro...
La iniciativa siempre la tiene Jesús. Pero la llamada, la vocación, se puede «contagiar» dentro de la red de relaciones: amistad, vecindad, familia, gustos comunes... La respuesta es siempre personal. Y vale la pena darla. ¡Vaya que si vale la pena! |