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comentario a las lecturas de la misa
domingo xxxiii del tiempo ordinario (A)
El Señor Resucitado un día volverá a pedir cuentas de nuestra gestión

Hoy Jesús nos llama a la responsabilidad. El Señor Resucitado, que ha encargado la continuidad de su misión a los cristianos según la capacidad de cada uno, un día volverá a pedir cuentas de nuestra gestión. Como no sabemos cómo ni cuándo ni dónde ocurrirá esto, debemos estar siempre a punto para responder.

Las lecturas de hoy nos proponen tres actitudes:

1. El trabajo bien hecho. Modelo: la mujer fuerte, responsable y activa, consciente de su misión en la familia. La cumple con una dedicación, con una alegría y con una fidelidad ejemplares. ¿Dónde encontraríamos una mujer fuerte como ella? A veces ponemos tan arriba los modelos que parecen inalcanzables. Y sin embargo seguramente hemos conocido a muchas mujeres fuertes: madres y abuelas, vecinas o conocidas ... Estas personas representan el trabajo bien hecho no sólo de la madre de familia generosa y trabajadora sino la de la maestra, de la secretaria o la enfermera, y también la de los maestros, funcionarios o empresarios que hacen bien lo que deben hacer. Es un ejemplo para todos. Todos somos invitados al trabajo bien hecho. Es una óptima preparación para cuando llegue el Señor.

2. Vigilancia y atención: Hay la actitud de alerta ante una visita tan imprevista e imprevisible como la del ladrón. Estos días la podemos observar en los habitantes de la isla del Hierro: la amenaza de la erupción de un volcán los mantiene vigilantes. Les va la vida. Recordemos también como nos ha cogido desprevenidos la gran burbuja inmobiliaria con la crisis consiguiente. Vivíamos bajo un volcán tan contentos y felices... y ya veis. Como decía san Pablo: La gente pensará que todo está en paz y bien asegurado, cuando de pronto vendrá la devastación, como los dolores a la mujer que ha de tener un hijo, y no escapará nadie. La vigilancia consiste en vivir una vida piadosa, justa y sobria. Si vivimos en la luz, sin tener que esconder nada y manteniendo una fluida relación con Dios, con los demás y con las cosas, no tenemos nada que temer. Hay que vivir como los israelitas cuando salían de Egipto la noche de Pascua: Bien calzados y con el bastón a punto de caminar.

3. Arriesgarse. La tercera es una exhortación a aceptar el riesgo contra la tendencia a la comodidad, a la actitud conservadora de los que ya están bien como están, que es mejor malo conocido que bueno por conocer... Los dos primeros administradores de la parábola se arriesgan arriesgando su capital para montar una empresa exponiéndose al fracaso. Esta audacia tiene un premio: el elogio y celebrarlo con su señor. El miedoso y el vago que quiere guardarlo todo, lo pierde todo. Y le quitan hasta lo que tiene. ¿Quién confiará nada a un inconsciente que no se da cuenta que el dinero cuando no se mueve se devalúa?

Jesús nos invita a revisar nuestra fe. Hay quienes a los 90 años aún van vestidos de primera comunión. No han evolucionado nada. En cambio hay muchos, muchísimos que tienen una fe adulta, educada, evolucionada, capaz de responder a los retos nuevos que la vida de ahora nos propone a cada paso. Es esto lo que el Señor espera de nosotros.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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