Català Castellano
comentario a las lecturas de la misa
domingo xxxi del tiempo ordinario (A)

Este domingo nos lleva a reflexionar sobre la coherencia y la incoherencia entre el pensar y el hacer, entre el decir y el actuar, entre fe y vida. Pensemos en los fariseos y doctores de la ley que Jesús describe con dos rasgos: 1. dicen y no hacen. Incoherencia entre doctrina y vida. Aplican la ley con dureza, cargan a la espalda del pueblo humilde unas cargas pesadas que ellos no ayudan a mover ni con la punta del dedo. 2. Vacío y vanidad expresados en el afán de hacerse notar, en la forma de vestir y en la búsqueda de títulos honoríficos. Tienen poder pero no autoridad.

Esto no era exclusivo de aquella gente: pensemos en los reverendísimos, excelentísimos, ilustrísimos, eminentísimo, majestades, señorías... Es parte de la vanidad eclesiástica y civil. Pensemos en nuestros obispos y sacerdotes, en los políticos y los llamados intelectuales -si lo fueran de verdad, se avergonzarían de llamarse o que los llamaran así-, los padres y madres de familia, los maestros y profesores que preconizan unos valores de igualdad, de hermandad y de libertad que están en contradicción con lo que hacen.

Esta actitud en tiempos de Malaquías -y en el nuestro- produce una «desafección» que dicen ahora, una desafección que se manifiesta en el abandono masivo de la práctica cristiana entre los católicos, y en la abstención o pasotismo ante las elecciones o la participación política. ¿Qué decía Malaquías? Y ahora, sacerdotes, os advierto: que si no hacéis caso de mí, yo quitaré el poder de bendecir. Vosotros habéis abandonado el camino derecho y, al ver como juzgabais, muchos se han alejado. Y ahora viene la desafección: Por eso, yo haré que todo el pueblo pierda la estima y el respeto que le tenía, como vosotros lo habéis hecho conmigo, por no haber seguido mis caminos y haber juzgado con parcialidad.

Podemos aspirar y ejercer la función de padres, de maestros, de guías, pero sabiendo que Maestro sólo hay uno: todos sois hermanos. Y Padre sólo hay uno, el del cielo. Y de guía sólo hay uno: el Cristo o Mesías, que no se puso al frente de la comunidad para ser aplaudido o adorado o servido, sino para servir, lavando los pies, dando la vida por los hermanos.

Es Jesús quien marca el camino de la grandeza: verdad, coherencia, y humildad. Sí cuando es sí, no cuando es no, sin depender de lo políticamente correcto. El que sea más importante de vosotros, debe ser servidor vuestro.         

Es la táctica de Jesús y la que aplicaron Pablo y Timoteo en la comunidad de Tesalónica: Ternura: Como una madre acaricia y nutre a sus hijos; generosidad: deseábamos daros no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso, nuestra vida; sensibilidad: Trabajando día y noche para no causar molestias a nadie; yendo al frente con una conducta íntegra, justa e irreprochable; con una autoridad y cercanía amorosa: Como un padre a sus hijos, los exhortaban uno por uno, los consolaban, los urgían a caminar de una manera digna del Dios que los llama a compartir su reino glorioso.

Un comportamiento así nunca creará desafección. Su efecto será una comunidad unida, abierta, generosa, viva, sufrida, dinámica, un llamamiento silencioso a los no creyentes a compartir la fe, y a los creyentes una exhortación a vivir con alegría y esperanza la vida cristiana.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
Agenda
Direcciones y horarios
Servicio de acogida
 

Establecer como página de inicio Añadir a Favoritos Aviso legal
© Copyrigth - Parroquia Sant Antoni Maria Claret, de Lleida - 2008 (Elaborada por voluntarios de la Parroquia)