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comentario a las lecturas de la misa
domingo xxx del tiempo ordinario (A)
Ama a Dios. Ama al prójimo

Es un domingo especial el de hoy: el domingo de la propagación de la fe, o del Domund que decíamos antes. Quizás algunos de los que estáis aquí salisteis de jovencitos por las calles con la hucha pidiendo para las misiones. Era bonito e interpelante.

Han pasado los años y la fiesta continúa. Y continúa interpelándonos. Si queremos propagar nuestra fe, siguiendo el mandato del Señor Jesús, es porque creemos que es buena, que vale la pena, que nos ilumina y nos motiva y nos humaniza. Y por eso la hemos estudiado y la hemos aprendido, la oramos y la practicamos Y queremos que los que no la conocen, participen de nuestra misma alegría.

Mosén Anton Claret, párroco de Sallent, se desvivía por formar la fe del pueblo de Sallent. Pero el mundo se le hacía pequeño y quiso ponerse a disposición de la Congregación de la Propaganda Fide para anunciar el evangelio en los países que no lo conocían. Viajó a pie naturalmente, primero Pirineos a través, con el hatillo donde llevaba una muda, la liturgia de las horas y una Biblia manual. Se embarcó en Marsella y llegó sano y salvo a Roma, a pesar de la terrible tempestad que tuvo que soportar en cubierta y comiendo el pan y queso salados del agua del mar. En Roma, un jesuita le hizo ver que no le convenía irse a misiones lejanas como un francotirador espiritual. Y le convenció de entrar en la Compañía de Jesús con la perspectiva de ir a misiones con mayor eficacia. Una enfermedad le obligó a volver a Cataluña. Y ya que no podía ir a propagar la fe a países lejanos que no conocían a Jesús, se dedicó a desvelar, nutrir y arraigar la fe de los pueblos de Cataluña, de Canarias y después de Cuba, de donde era arzobispo.

Teniendo en el horizonte extender la fe en países donde no lo conocen, hagamos como el P. Claret: cultivemos nuestra fe en medio de un pueblo que parece haberla perdido en buena medida. Una fe que tiene dos dimensiones que están al alcance de cada cristiano y que son buenas y actuales para el mundo entero: amar a Dios y amar al prójimo. Nos lo dicen las lecturas de hoy.

Amar a Dios: como los cristianos de Tesalónica que abandonaron los ídolos y se convirtieron a Dios y a Jesucristo. El P. Claret lo expresaba con una oración muy bonita: «Señor, que te conozca y te haga conocer, que te ame y te haga amar; que te sirva y te haga servir; que te alabe y te haga alabar de todas las criaturas.»

El amor a Dios nos lleva a amar al prójimo de manera muy concreta. Como a ti mismo. Haz a los demás lo que quisieras que los demás hagan contigo. El Antiguo Testamento, que tan a menudo tendemos a olvidar, tiene una actualidad como nunca en los tiempos actuales de crisis aguda:

«No maltrates ni oprimas a los inmigrantes... No perjudiques a viudas ni a huérfanos. Si prestas dinero a los pobres que viven contigo, no hagas como los usureros. Si tomas en prenda el manto de alguien, se lo devolverás antes de que se  ponga el sol. Es todo lo que tiene para abrigarse. ¿Con qué dormiría? Si grita a mí, yo escucharé su clamor, porque soy compasivo.» Traducido hoy sería: No desahucies ni dejes en la calle al que no puede pagar la hipoteca... Y otras aplicaciones muy prácticas.

Hagamos nuestro este mensaje de Jesús: amar a Dios, amar a los demás. Hagámoslo vida a nivel personal y a nivel social. Así haremos más visible nuestra fe y podremos contribuir a extenderla por todo el mundo. Como el P. Claret: conocer y amar a Dios y hacerlo conocer y amar de todas las criaturas.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
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