Català Castellano
comentario a las lecturas de la misa
domingo xxviii del tiempo ordinario (A)
¡A la Eucaristía vestidos de boda!

Las El Mahatma Gandhi decía: La única manera en que Dios puede osar presentarse a un pueblo hambriento es en forma de alimento. He aquí porque cuando Isaías anuncia la liberación al pueblo israelí abatido por las guerras, las deportaciones, el hambre, la miseria y la muerte lo hace invitando a la gente a un gran banquete donde hay de todo: platos sabrosos y suculentos, vinos rancios clarificados. Hará desaparecer en este monte el velo de luto que cubre todos los pueblos, el paño que tapa las naciones; engullirá para siempre la Muerte. Y naturalmente habrá una alegría desbordante porque Dios Padre-Madre amoroso enjugará las lágrimas de todos los hombres.

El salmo de hoy, tan conocido y a menudo cantado en nuestras celebraciones viene a decir lo mismo: el Señor es mi pastor, nada me falta, me hace descansar en verdes praderas, me conduce hacia fuentes tranquilas.         

El evangelio nos invita también a un banquete. Dios celebra la boda de su Hijo con la humanidad y tiene preparada una mesa de no decir: ha matado terneros y aves de corral. Todo está a punto y los platos calientes. Tiene unos invitados privilegiados. Los invita dos veces. Pero son gente demasiado harta, tienen problemas más importantes que participar en un banquete que no les interesa. Se hacen los inapetentes. Tienen cosas más importantes que hacer: campos y buenos negocios. No pueden perder el tiempo ni para hacer fiesta. Los hay también prepotentes que se permiten el lujo de maltratar a los enviados a invitarlos. Estos acabarán mal. Anuncian la terrible destrucción de Jerusalén en el año 70.

Pero el banquete está listo y no se puede aplazar la fiesta: Venid todos, todos estáis invitados. No paréis hasta que se llene la sala. Todos: buenos y malos. Es la imagen de la iglesia donde conviven el trigo y la cizaña. Sólo se pide una cosa, ir vestidos de bodas: una vida convertida rebosante de obras buenas. Es un traje a la medida y al alcance de todos. Basta convertirse, es decir, abrirse al amor de Dios y los hermanos. Porque si los primeros invitados son rechazados, los últimos no pueden estar seguros si no responden con amor a la invitación amorosa de Dios.

Es el fenómeno de cada domingo: el Señor nos tiene preparada la mesa. Pero muchos cristianos tienen muchas cosas que hacer: ir a la playa o a la montaña, a hacer negocios o salud, a pasear o a no hacer nada. Algunos ahogan su conciencia eliminando más o menos torpemente a quienes les recuerdan que es el día del Señor. Las campanas hacen demasiado ruido. Eliminémoslas para que no interrumpan nuestro sueño.

Demos gracias a Dios porque nosotros hemos recibido la invitación y hemos acudido al banquete de la Eucaristía. Y por eso estamos aquí. Pero no deberíamos quedarnos tranquilos hasta que la iglesia se llene hasta los topes. Quizás si reinase entre nosotros la alegría de una boda, podríamos atraer a los que tienen hambre y sed de Dios. Que no nos falte la alegría de la fe: una fe que desborde de esa alegría en nuestra vida.

* * * * * *

«Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20,21) El Evangelio no es un bien exclusivo de los que lo han recibido, sino un regalo para compartir. Y este regalo se da no sólo a algunos bautizados sino a todos. Es importante que sean los propios bautizados y comunidades eclesiales quienes se interesen en una esporádica e intermitente misión, pero sin pausa, como forma de vida cristiana.

P. Jaume Sidera, cmf
jsidera@ono.com
 
Agenda
Direcciones y horarios
Servicio de acogida
 

Establecer como página de inicio Añadir a Favoritos Aviso legal
© Copyrigth - Parroquia Sant Antoni Maria Claret, de Lleida - 2008 (Elaborada por voluntarios de la Parroquia)